sábado, agosto 06, 2016

Ya estoy

Establecida al fin.
Aprobé el examen. Viví en Euskadi. Ahora estoy en mi sitio definitivo. 


Ahora trabajo de médico. Tiempo casi completo. Sigo siendo la misma estudiante de medicina, en esencia.
El ambiente, como todo lo médico, es hostil, incómodo. Y hay que cuidarse ahora más que antes porque todo lo que dices o haces puede ser usado en tu contra. Aún así, he hallado también gente divina entre los de bata blanca y sobre todo pacientes que me hacen recargar el ánimo y seguir, seguir por ellos...


Vine con él, somos felices. Tenemos una casa frente al mar y una vida llena de paz y sonrisas. Y las carcajadas antes de dormir todos los días. Tenemos planes de futuros maravillosos y, hasta donde miro, todo con él es lo que debe ser una vida en pareja.
Junto a él ya no recuerdo pasados ni pienso en "los siguientes". 


Hoy, sin embargo, día sábado de uvas y música que me lleva a mi adolescencia, noté esa punzada que te hace pensar en las cosas que no están del todo equilibradas en la vida. Y su nombre, el de ella, volvió a saltarme como agente causal de mi estado actual en lo respecta a temas de socializar.
Todos los que me conocen saben que no sé hacer más que escribir. Y aunque debería escribírselo y enviárselo a ELLA, lo cierto es que primero me hace falta perdonar y perdonarla...
Mientras, dejaré por aquí la carta que me ha ayudado un poco a sacarme ese demonio hoy...


Yo la quería, es verdad. La amé como se ama a pocas personas en la vida. Y de ella recibí vida también. Por eso es que tras tantos años aún no consigo superar su silencio.
Fría, malditamente fría, largarse sin adioses ni explicaciones. Dejarme en ridículo dos veces, lo suficiente como para arruinarme la vida.
Porque sí, me jodiste. Cuando decidías que te largabas yo empezaba a deshojar calendarios para volverte a abrazar aún con todo lo que me costaba hacerlo sin que doliese.
Y volviste una vez y te fuiste de nuevo sin avisarlo. Y me deprimí tanto que al final optaron por enviarme contigo a ver si sanaba. Y luego la despedida, tu relación utópica problemática, tu regreso, tu despedida y el final.

Me enseñaste que la gente que más amamos es la que más poder tiene para matarnos. Me enseñaste que no importaba lo que hiciera, lo que creyese que hacía falta, porque de todas formas todos somos víctimas del “nos dieron por sentado” y entonces se te olvidó pensar que, a lo mejor, yo también necesitaba recibir algo de ti. Aunque fueran migajas, aunque fuera desprecio. Necesitaba una puta explicación de porqué te habías largado a escondidas de mí pero siendo público para todos los que no eran yo. Como si huyeses de quien te estaba queriendo más que a nadie en el mundo, como si no hubieses sabido que las heridas dejan marcas y que vos estabas cortando se nuevo sobre la misma cicatriz que dejaste años atrás.

Yo no sé si fue egoísmo o miedo, quizá simple olvido porque a la final tenías la confianza de haberme asegurado. Lo cierto es que nunca estuve atada a ti y me quedaba porque la lealtad es algo con lo que nací.
Pero no te importó, en todo caso.

Y ahora pago las consecuencias de lo que dejé que hicieras conmigo. Después de ti no volví a confiar en la gente, no volví ni quise tener ya más amigos. Me enfoqué en lo que habían estado e incluso deje morir las amistades que tenían aires a ti.

Dejé de escribirle a la gente aún cuando sé que es quizá lo único que sé hacer bien en el mundo. Y dejé de soñar con nuestros mundos, quemé mis montañas y mis versos, dejé de escribir y me enfoqué en hallarme cometiendo los errores más absurdos de mi vida.
Lograste derrumbarme y no conseguir reconstruirme porque al irte te llevaste las piezas que habían ya calzado en mis murallas.

Por eso te odio hoy sin odiarte realmente… porque me dueles constante pero ya soy ahora los resultados de lo que conseguiste en mí. Y no me avergüenzo de ser quien soy ni de cargar con los demonios que cargo.
Quizá no siempre te recuerde con agrado, quizá me pesas aun demasiado… pero te deseo lo mejor que puedas conseguir.

1 comentario:

Rosg. dijo...




Tal vez necesitamos vivir y sufrir desamor y decepciones para cerrar una puerta definitivamente y poder abrir otra que nos lleve a nuevos paisajes y experiencias.

Saludos

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