domingo, enero 12, 2014

Broken


Uno creería que las cosas que más se desean se cumplen. Esta vez quería ser feliz. Hice bien las cosas, incluso me forcé a ser mejor dentro de todo aquello que yo consideraba poco importante pero que para otros podía significar un mundo.
Me llené de ilusiones, de buenos momentos, de alegrías. Fui feliz, como siempre en todas las historias de mi vida. Fui feliz porque quise serlo y porque tenía a alguien que me acompañaba en el trayecto, alguien con quien compartía todo aquello que habíamos empezado a construir.
Pero cuando llegan las horas de la mentira, de la desconfianza, de la realidad (en otras palabras) todo aquello que parecía tan posible se convierte en algo que queda dentro del papel y que puede ser lanzado al olvido.
No puedo recuperar la confianza de un momento a otro, así como tampoco sé si logre olvidar aquellas palabras que se han tornado en ideas parásitas.
Estoy deshecha y sin haber tenido la culpa. 
Lo único que sé es que nunca logro ser suficiente para nadie... no importa lo que haga, no importa cuánto lo intente. Quizá es que he buscado gente demasiado valiosa siendo yo tan nada.

No sé si después de hoy queden las ganas de luchar por una relación donde estoy vencida, humillada, deprimida.
Tampoco sé si valga la pena quedarse.

La otra opción es estar/seguir sola, como la mayor parte de mi vida. Y en eso, al menos, tengo más experiencia que siendo feliz.

Belén Jaramillo, rota.

martes, julio 23, 2013

El primer trimestre de una vida laboral... y otros momentos más

EL INTERNADO ROTATIVO Y YO
Actualizo el blog pues hoy, tras tanto, recordé que aquí también tengo un hogar.
Llevo ya tres meses en este hospital que prácticamente es la única casa de salud en donde me siento todavía "en casa"... Y las cosas, definitivamente, fueron muy diferentes a lo que imaginé.
Me he llevado decepciones, encontronazos con la vida que me era tan ajena... he conocido personas maravillosas y, definitivamente, he crecido mucho en un nivel profesional y humano (sobre todo el último).

Llevar una vida desorganizada es algo que parece será una constante en lo que resta de mis memorias futuras... en este mismo momento, siendo las diez de la noche, estoy comiendo papas fritas de bolsa y tomando Coca Cola... debería dormir, pero tengo la sensación que si duermo antes que los doctores jefes, parecerá descarado... Aunque ninguna de las dos partes esté haciendo algo verdaderamente relacionado con la medicina.

Llevo tres meses de hacer guardias de 36 horas cada tres días, de comer a deshoras, de tratar de ahorrar lo que más dinero se pueda, llevo tres meses de ir contando de una en una las escaleras que me conducen al mismo sitio, con la esperanza vaga que algún día algo cambie por aquí.
He perdido un poco el norte, el camino... me he encontrado apoyada y cómoda en el bando de los médicos mediocres, de los deshumanizados, de los carniceros, pero al mismo tiempo, me he hallado apoyada y cómoda en el otro lado de la moneda... con los médicos altruistas, los buenos, los que dan todo por la vida de los demás.
Seré bipolar, pero también reconozco que en mí y en lo que concierne a mi personalidad no tengo aún definido hacia dónde va a tirar esta historia... si haré el bien o me haré bien, si me hará bien hacer el bien o me bastará con hacer lo que creo es correcto aunque muchas veces demasiado justo.

"La gripe H1N1 ha regresado al país y no tengo mucho más que hacer salvo evitar contagiarme"...

Ahora mismo estoy en le cuarto piso de mi hospital, en el área de Medicina Interna, saboréandome las papitas y las defunciones de la semana... Cuando te llegan esos pacientes "pez", como los llamo, esos que solo están dando bocanadas de aire y que ingresan al piso tan solo para morir bajo supervisión médica...
O cuando tienes en tus manos a un paciente que se niega a continuar con vida, que cuando le dices por aliviar su enfermedad que "todo va a estar mejor y que se va a reponer" el paciente te responde "no quiero". O esos otros que son ciegos y ancianos, que no sabes cómo ni porqué llegaron a tu hospital, que te comentan entre sus delirios y sus fiebres que han pasado en cama los últimos dos meses, y al tratar de comunicarte con un familiar que pueda ayudarte a completar la historia clínica te das cuenta que esa persona no tiene a nadie en este mundo... y que probablemente, después del hospital (si sale vivo) seguirá solo, ciego y postrado.


Claro, también tengo de esos otros que, de alguna forma poco sana, nos sacan sonrisas... esos pacientes que sufren de confusiones por alteraciones hiroelectrolíticas fundamentalmente y que alucinan cosas fantásticas que no sabemos hasta qué punto son parte de sus recuerdos, de su imaginación, de sus miedos. Todos ellos están jodidamente enfermos de algo o descompensados, por lo menos... pero son el momento necesario para desacomodar el día y hacernos olvidar un poco que estamos rodeados de muerte, de dolor, de incomodidad, de miedo...

Llevo tres meses donde no permito que nadie me llame "doctorita" porque de inmediato le cuento que todavía soy estudiante (de último año, pero estudiante)... y creo que lo hago para evitarme responsabilidades que aún no sé si soy capaz de montar en la espalda para vivir con eso.
Me siento rara cuando me agradecen por hacer mi trabajo... considero, en buena parte, que esto que hago de "vocación médica" en realidad es solo el manual de instrucciones de cómo hacer que todo lo que aprendí justifique mi salario.
Es incómodo, es raro, es novedoso... 

Entre otras aventuras de mi Internado Rotativo, tuve la oportunidad de que mi futuro esposo (sí, estoy comprometida ^^ ) viniese a hacerme compañía en algunas de las guardias que tuve esta última semana. Aprendí de él las cosas que se supone sé que hacen falta... vaya tipo el que tengo a mi lado, pedazo de médico increíble, calidad de ser humano... Me desconocí a ratos mirándome con alguien como él... es decir, ¿cómo puede estar una persona tan positiva junto a una tan inestable como yo? digo "inestable" porque no quiero decir "negativa"... tengo mis altibajos... ya saben.

Verlo manejar a las familias de los pacientes más complicados, verlo tomar de la mano a los pacientes, tocar el hombro y dar aliento... hablar en voz altísima para que el sordo responda... comprometerse a jugar ajedrez para entretener al paciente con peor carácter del hospital... Son cosas que deben admirarse en un médico, en un profesional... salvo que él, mi esposo, no lo hace por profesional sino por admirable persona que es.
¿Lo envidio? De cierto modo sí, pero es que es imposible no admirar a alguien tan convencido de las cosas... yo sigo con mi dilema sobre qué clase de médico ser y él simplemente se deja ser, como es él, con todo el mundo.
Lo amo, es mi complemento perfecto, es hombre que llega a cumplir con toda expectativa que alguna vez pude tener... Es más de un año del cambio drástico que dio mi exitencia...
¿Imaginé alguna vez que el amor podía venir con la presentación y exactitud con que me llegó? A él, a Carlos, puedo decirle que lo busqué y esperé en muchas camas, envuelta en sábanas de ilusiones, de desencantos... A él puedo decirle que le guardé lo único que pensé que no tenía, mi fidelidad, mi entrega absoluta... A él, a él puedo darle todos los méritos de mi vida y por él puedo perdonarme incluso los peores desaciertos de mi humanidad.


Llevo tres meses de este seudo infierno que me ata a una vida con que no sueño, pero que de alguna manera es la única que de verdad debo agradecer... porque fue en medio de estas camas y pasillos de hospital que conocí a mi esposo, fue en estas camas de residentes donde hemos dormido abrazados más de una vez, fue aquí donde me di cuenta que mi vida iba a dar un giro brutal y que iba a perder el eje mismo de mis pensamientos a cambio de la felicidad que no me esperaba llegase tan pronto.

Soy feliz, dentro del cansancio al que estoy sometida, dentro del cementerio de ideas y emociones en el que habito... soy feliz porque lejos de estos doce pisos de enfermedades y cirugías, tengo una familia que se ha acoplado a mi vida y tengo una familia que empieza a crecer. Las cosas con mi hermano, con mis padres, con el resto de parientes, han mejorado significativamente desde que dejé de ser una poeta a medio tiempo y una estudiante de medicina habitual... ahora soy Belén, la que siente aunque confundida, la que habla aunque se enrede con las palabras, soy yo, la que ama a su esposo más que a sí misma, la que sueña tener en el vientre a los productos de esta locura llamada amor... soy Belén, Belén de todos los días que sigo viva, la que escribe a ratos, la que ya no besa siempre, la que ríe, la que llora amargamente las despedidas, la que se sienta a mirar fotografías de otros continentes y desconoce a la del otro lado del espejo, la que odia y se queja, la que se sienta a tomar signos vitales de los pacientes, la que espera el amanecer desde el otro lado de las montañas que rodean a mi capital andina...
El cambio de estos tres meses es que soy yo, siendo la misma de siempre, con una proyección distinta, con unas ganas complejas de hacer una vida junto a alguien...

Soy Belén, la misma que un día se enamoró de todos y que hoy pertenece a un solo destino... Soy sin ser, siendo quien siempre he sido...

Belén Jaramillo de López, mis amigos...

miércoles, junio 05, 2013

Vuelvo...

Al final, todas las cosas caen por su propio peso... en mi caso, el peso de su naturaleza.
Sigo llevando la vida médica de la que tanto me he quejado siempre, sigo estando lejos de lo que amo, incluso de mis propios recuerdos.
Intenté ser mejor persona, entregarme de verdad a esta profesión, esforzarme diariamente por mis pacientes más que por otros motivos... y sin embargo, la gente sigue siendo igual en todas partes.
Nadie estará ahí para agradecerte las malas noches, las ojeras, los calambres, el hambre... nadie te agradece el buen trabajo y todos se esmeran en que tropieces para recordarte, todos los días a partir de ese, tus errores.

Por otro lado, las relaciones humanas son complejas y yo soy la pieza que descompone todo lo que puede. Tras sentir que había superado mi pasado respecto a ello, tras pensar que podía suprimir los instintos y comprometerme... a un año de creerme esa historia hoy me doy cuenta de que también es otro más de mis errores.
La naturaleza de las cosas es el peso que delata... y mi naturaleza, mi esencia, no se pudo apagar ni ir.

Gracias a la vida cada uno de estos pedazos de mi cotidiano sirven para alimentar mi pasión, cada aventura, cada hombre, cada sueño deshecho... Y así, seguimos aumentando ese libro que algún día publicaré... "CONFESIONES DE MI COMPULSIÓN"...
Por lo pronto, el capítulo que hablaría de estos días dice así:
"No era yo. Era mi tristeza, mi necesidad de llanto. Por eso amarlo me era imposible cuando decidí volver a tomar antidepresivos"

sábado, mayo 11, 2013

Otra vez, equivocándome...

" PORQUE EL AMOR NO EXISTE SALVO EN ESE ODIO SINCERO QUE ME SALUDA DESDE EL ESPEJO TODOS LOS MALDITOS DÍAS DE MI VIDA…"

Así va mi tarde de mayo. Una vez más se me ocurrió que el mundo perfecto existe y me topé con un bloque de realidad bastante profundo.
Así va mi día. Me pinché el dedo con una aguja y sangré un buen rato. Catarsis emocional. 


Me jode, vaya si me jode, tener que aceptar que mi fantasía alimenta demasiadas cosas de mi verdadero cotidiano... y así, entre el estrés de mi trabajo, la incomodidad con muchos pacientes y médicos, la lejanía de siempre con mi familia y esta relación de una vez al mes que a veces preferiría no existiera... así, en medio de mis dramas personales, me encuentro de nuevo conmigo misma, cometiendo los mismos errores que, a pesar de lo vivido, de las experiencias en las que supuestamente hubiera esperado aprender, siguen doliendo como la primera vez. 

No soy una persona que realmente esté en condiciones o en capacidad de complementar a otra de forma absoluta... simple y sencillamente porque el absoluto no existe, es contra natura. Pero ya ven lo necia que resulto... y la única que sale enfadada y herida soy yo.

Algún día quisiera despertar y darme cuenta que he aprendido algo en estos casi 25 años de vida... al menos, que no cometo los mismos errores de todas las relaciones en que me vi envuelta alguna vez...


miércoles, marzo 27, 2013

HIPOMANÍAS E INTERNADO

Quienes tenemos una personalidad con fases tan atractivas como yo (llámese "hipomanía") tendemos a crear, con relativa frecuencia, miles de proyectos que quedan muchas veces inconclusos. Sin embargo, llevo ya 24 años y medio con esta condición y he aprendido a manejar de tal modo mi fase hipomaníaca que, sinceramente, mis proyectos nunca han quedado a medio hacer.

He dejado un tiempo el blog, es verdad, pero es que he tenido demasiadas cosas que hacer y organizar.
Aún no he terminado de comentar la segunda parte de mis vacaciones y ya ha llegado mi Internado Rotativo.
Oficialmente desde el día lunes empiezo a trabajar en la institución que más comodidad y familiaridad me ha brindado... pero como es de esperarse, esta semana fue la de introducción a lo que será el siguiente año de mi vida.

Culpo directamente a mi bipolaridad por el humor con que me hallo: estoy absolutamente feliz, emocionada y llena de unas ganas que desconozco de dónde han salido.

Lo cierto es que tengo ya tantos planes en la cabeza que me asusta la idea de pensar que todos los cumpliré y que, incluso, con el tiempo iré sumando rayas al tigre.

Así que nada, por lo pronto solo adelanto en esta bitácora de Internado que mi primer servicio es Ginecología y Obstetricia, durante 5 semanas... y luego me veré de nuevo en la primera línea de guerra: Emergencias.
En algún punto de este año, si todo salió como intenté, estaré rotando por el área de Terapia del dolor y Cuidados Paliativos... y enfrentaré a la muerte, mano a mano, como en otros tiempos. Esa fue mi rotación optativa... y la escogí en buena parte porque el servicio de Siquiatría no me ofrecía lo que yo buscaba y porque mi futuro esposo, al estar tan obstinado con la Oncología, necesitará refuerzos y yo le prometí estar a su lado en todo. 


Un abrazo a todos... en este instante la migraña me mata... pero estoy feliz, vaya que lo estoy. Mi vida retoma una fuerza impresionante... y necesitaba manifestarme por aquí.

domingo, febrero 03, 2013

Even if he...


Aunque no me diga “te amo” tengo la impresión que lo hace.
Nunca fue muy claro, sin embargo sus ojos…
Bah, es lo que pasa cuando se tiene una sola razón para llorar.
Aunque no me diga “te amo” creo que quiere quedarse
porque no cualquier hombre te presta su vida y te da la espalda sin temor a que se la enredes.
Aunque no me diga “te amo” siento que así parece…

viernes, febrero 01, 2013

Capítulo España: Málaga

MÁLAGA

El mar y yo

Sí, vale. Me dejo llevar mucho por las cosas que me gustan y definitivamente "El Club de La Comedia" es uno de esos algos especiales.
Sí, Málaga, la tierra de Dani Rovira.
Lo que pude conocer de Málaga fue básicamente la zona comercial y el puerto, así, a grandes rasgos. No sé si era el invierno, el sol que me emocionaba, la gente, el ambiente en general... Pero ahí también se me quedó la vida.

Hay que volver.
La Catedral es una de las cosas más impresionantes que he visitado y eso que he conocido catedrales en mi paso por el mundo...

 
Mi hermano tiene la teoría que la construyeron así de grande porque, al ser puerto, tenían que congraciarse con Dios para que les perdone sus pecados...
Yo no lo sé, pero la teoría quizá no sea tan descabellada dada la magnitud que tiene esa obra arquitectónica.


La catedral, las calles, el puerto y esa locura de Año Nuevo, los cantos en la plaza, las compras... Todo allí me pareció precioso.
No soy una persona de mares ni arenas, no soy muy amiga de las costas como lo soy de las montañas... pero allí hice las paces con todo lo mencionado.



La comida excelente, la gente divina... y el hotel ¡Don Curro! fue la cereza del pastel...
De verdad, esa tierra de la verde y morá me ha dejado más de un grato recuerdo.

miércoles, enero 30, 2013

Capítulo España: Sevilla

SEVILLA


Ese fue mi segundo encuentro con los naranjos andaluces. Y es que llegar a una ciudad que parece invernadero no tiene comparación.
Recuerdo perfectamente que el taxi nos llevó al hotel y en el camino yo creí estar alucinando. Sabía de la tradición, de ese dato especial de la urbe, pero no imaginé que fuera así.
Desde luego, pueden justificar todo sabiendo de mi cansancio... El clima intimidante, recorrer las ciudades a pie, cargar mi mochila a todo lado y comer dos veces al día... Sí, me gusta tratarme mal en los viajes...

En fin, regresando a Sevilla...


Desde la Giralda, los alcázares, la Catedral y la Plaza España... desde todo sitio puedo afirmar que me sentí como una turista completa. No pude sentirme sino marginada por la ciudad, por su historia, por todo... Y eso que pasé varios días allí.
La conexión que suelo tener con ciertos rincones del mundo es bastante especial y sucede con relativa frecuencia. Sin embargo, no sé por qué, con esta ciudad todo fue muy ajeno.

Pese a que no tuve un llamado de la tierra (jajaja) lo cierto es que no puedo dejar de comentar sobre lo admirable que es la ciudad.

Giralda, Sevilla


Lo primero: La Giralda. Sí, lo confieso, hasta antes de llegar a Sevilla en mi vida había leído algo sobre la ciudad. Así que tuve que culturizarme en modo flash. Resultó ser un campanario, mitad almohade, mitad renacentista. Como es de esperarse, en sus tiempos sirvió para el llamado musulmán a la oración y para los católicos la misma historia. Por su altura, fue usada como atalaya, como reloj, como veleta y como pararrayos...

La catedral pues es una obra maestra gótica, enorme como solo ella puede y, desde luego, fue construida sobre bases de mezquita. Eso, por ejemplo, es lo que me enfada un poco de la raa humana... siempre edificando sobre el pasado... en lugar de edificar a un lado! jajaja

Lo segundo: La Plaza España.
Bien, aquí sí que nos dimos gusto con mi hermano en sacar fotografías y reírnos un poco. Pues, como bien dice el nombre, se trata de una plaza, semicircular, enorme, impresionante... Con canales de agua, con puentes, con un espacio dedicado a cada provincia española. Allí, en cada espacio, se ha adornado con azulejos y bancas y es posible observar momentos históricos y mapas sobre la provincia...

Creo que dejaré las fotografías en lugar de hablar mucho sobre ellas... y, para los que pregunten el por qué fue JAÉN la provincia que escogí, tengo una buena respuesta: Santi Rodríguez y sus mochuelos.
















Capítulo España: Cádiz

CÁDIZ
Catedral de Cádiz

Tenía muchas deudas con esa ciudad, muchas promesas construidas, muchos sueños que ahogué en ese mar.
Cádiz, que en realidad es una islita unida al continente, me supo más a soledad que a otra cosa.
Como todo puerto, seguramente allí también, como yo, muchos tantos hicieron despedidas y perdieron esperanzas.


En sí, la ciudad me pareció silenciosa... pero es que se me ocurrió llegar a Cádiz en primero de enero, donde todo estaba cerrado... Fue mejor así, quizá no habría sido llevadera mi estancia con ajetreo... tuve mi tiempo para pensar, para sentir, para extrañar y hasta para escribir.

No me dediqué extensamente a la fotografía en la ciudad y es que tuve que saldar cuentas, más que nada con el pasado que se me fue de las manos...

Ya lo dijo el poeta gaditano:

"Pero tú sabías
que el amor que nunca acaba en nada
es que que no se da del todo"...
Y yo, lamiéndome las heridas de lo cobardes que fuimos, de lo pobres que fuimos (ni un solo dólar, ni un solo euro para hacernos realidad), cerrando las cicatrices de lo inocentes que fuimos, cerré un capítulo de mi vida en el puerto, en sus olas, en la Catedral.


"En el querer importa más el cuando que el cuanto"
 
Así sentenciaba también ese mismo poeta gaditano que una vez me atrapó en sus ojos y me ahogó de ilusiones, de versos...
 

 
También hacía frío, un frío que me impedía la movilidad fácil, que me dejaba con la nariz lastimada... ese frío húmedo como húmedo era mi rostro cuando le lloré, cuando hicimos promesas de parasiempres...
Por eso, la entrada que hace alución a Cádiz no es sino una entrada pretexto para poner aquí unos pedazos de la carta-poema que escribí allí, en esas calles, en ese silencio...
Empecé así el año, diciendo:
 
Ahora comprendo porqué te empeñabas tanto en que tuviésemos nuestra casa frente al mar...
Ahora que estoy rodeada de felicesañosnuevos en el corazón de Cádiz me termino de arrancar nuestra vida.
Te dejo la felicidad, desnuda, en la puerta de la Catedral que grita desde sus campanas que se acabó, que me dejaste para siempre, que no soy más que un nombre que se te repetirá en las navidades y que olvidarás conforme se te mueran otros versos en otros labios, en todas las mujeres que ocuparán el sitio que solo reservas a tu soledad.
Estoy en Cádiz, gaditano, doliéndote sin que tú lo sepas, abrazada al frío que llega con la marea, con tu nombre en mi cabeza...
Lo que ya no fue, lo que no quisiste que sea, lo que se va a podrir en las almohadas y el miedo llamará "pasado".
...
Pasaba por allí imaginando a Daniela... Nos imaginé felices, resueltos a llevar a cabo por fin el punto de la familia que soñamos, donde nadie iba a tener atrasos ni prisas. Felices, como dijimos años atrás, como cuando aún te importaba trasnocharte por mí, pensando que el amor iba a durarte.
Pero ya lo sé, ya. El amor se te fue como los campanazos de este enero. Lo que sentías por mí, todo a la mierda, lo sé, más rápido que fumarse otro tabaco a la madrugada, más rápido que quejarnos del trabajo y de arrepentirnos por los tantos años de relación que llevábamos encima.
...

Capítulo España: Córdoba

 
CÓRDOBA
Vista de la ciudad desde el Alcázar
 
Sí, en efecto, mis vacaciones por España fueron completamente destinadas a recorrer por Andalucía (o lo que pude abarcar de este pedacito del mundo).
Córdoba fue la primera ciudad que visité tras un par de días en Madrid. Debo admitir que esta ciudad, capital de la provincia que lleva en mismo nombre, es por largo una de las ciudades que más encanto han provocado en mí.
Alcázar de los reyes cristianosSe siente profundamente la mezcla romana y musulmana, abunda ese aire a "histórico" y bello... a talento, a cultura, a misterio.
Lo primero que visité fue el Alcázar de los Reyes Cristianos. Si bien el clima no era para nada favorable (lo sé, soy animalito de trópico) el paisaje pudo más, la sorpresa pudo más y me quedé perdida en tremendo monumento.
Aunque tuvo en sus inicios una intención militar hoy en día es un complejo arquitectónico exquisito donde resalta no solo el buen gusto en cuanto a los jardines y patios que impresionan, sino que también el mudéjar empapa y asombra. Desde ciertos ángulos se puede tener la visión que es casi cuadrado el conjunto y eso se debe a las cuatro torres que lo refuerzan.
Por dentro no hay tanta opulencia como me hubiera imaginado, sin embargo, el exterior del edificio alberga una cantidad impresionante de vegetación y paz. Mi primer encuentro con los naranjos andaluces fue allí... mi despertar en España fue allí.
Más tarde, aquel mismo día, estuve en la Mezquita/Catedral... (Sí, ese homúnculo de jean y camiseta negra con bufanda soy yo... Congelada, haciendo maromas por sobrevivir al invierno... pero feliz).
 
Herencia del esplandor del califato cordobés, no puedo sino resumir mi visita allí hablando del bosque de columnas, de lo atractivo que resulta todo... y de lo extraño que es encontrarse con el pedacito católico. No, no los juzgo, pero vaya si no tenían diferentes concepciones artísticas. En lo personal, me gustó mucho más el toque musulmán que el católico... pero ¡qué se le va a hacer!
 
Bosque de Columnas
Mihrab, Córdoba

Admito que el mihrab (quizá sea la falta de costumbre... claro, no veo uno todos los días) me dejó más que cautivada... Seguramente a su alrededor estarán escritos trozos del Corán, quizá (y stoy casi segura) se citará a Allah muchísimas veces... Es hermoso, precioso... único.
Ya desde ahí empecé a sentir esa necesidad por conocer más de cerca el mundo islam... sabía que Egipto iba a ser un encuentro cultural intenso.
Luego, pasar el puente que atraviesa al Guadalquivir, sentarme a mirar la ciudad un poco lejos... Volver a chocar contra lo romano, lo musulmán, lo ahora español... todo ese mestizaje.
Definitivamente Córdoba es una de esas ciudades en donde me he quedado y debo, obligatoriamente, volver.
 
Vestigios de ciudad, CórdobaDesde el puente, Córdoba

 


 
 

Lo que quedó de mis vacaciones 2012 - 2013


Sí, lo sé. No hay justificaciones para estar en silencio virtual por tanto tiempo. Si debo ser completamente sincera admito que la pereza sigue siendo un tema de peso en mi vida.
Terminé la facultad y arreglé mil problemas antes de poder viajar. Solo pude presentarme a uno de los tantos hospitales de mi ciudad para el año de Internado Rotativo y espero, de todo corazón, haber aprobado el examen de ingreso con algo más que una buena calificación. (Sigo a la espera y quizá, con suerte, la siguiente semana tenga el resultado definitivo).

¿Qué pasó durante estos meses en mis vacaciones? Pues bien, el plan estaba ya diseñado desde agosto más o menos... La idea era ir a España y a Egipto en poco más de 15 días... Lo logramos.

Trataré de poner las fotografías y comentar las cosas que viví en cada lugar... Debo admitir que ninguna de las dos partes de mi viaje fue como yo esperaba... España me dolió en más de una forma, pero aprendí a dejar el pasado de lado... Ya comentaré en su oportuno momento.
Egipto, por el contrario, sobrepasó mis expectativas aunque no logró obsesionarme ni volverme loca como me imaginé. El choque cultural que viví en tierra árabe musulmana es una experiencia que también amerita ser discretamente analizada...


En fin, voy poniendo en entradas separadas para no convertir esto en una insoportable letanía.
Palabras y fotografías,

baietz a mis vivos.
Belén Jaramillo de López
=0)     

viernes, diciembre 14, 2012

Va por ustedes, por todos!

Los finales de los que no hablamos

Hace casi seis años, un día de agosto, empecé la carrera de Medicina en la Universidad Católica de mi ciudad.
No recuerdo nada demasiado claro de aquel día y es precisamente por esa razón que imagino que tampoco debería hacer demasiado énfasis hoy... Quizá estaba allí, yo, llena de emociones y de fuerza, de ganas y planes... Sintiendo que el mundo era un sitio seguro, que mi vida había avanzado de formas adecuadas, que había crecido y que tenía a mi alrededor todo un universo de probabilidades y oportunidades que debían ser vividas.
Quizá caminé un trayecto como el de hoy, quizá olvidé mirar detenidamente el cielo, quizá olvidé disfrutar del paisaje, del sonido ajetreado de Quito, de mí.

Seguramente llegué temprano, como hoy. Seguramente vestía un jean y una camiseta negra... como hoy. Quizá estaba recogida el cabello, maquillada exactamente igual a cómo lo he venido haciendo desde hace más de 6 años.
En aquel entonces, yo no era del todo feliz pero me sentía de un modo muy similar.
Los problemas que iba a afrontar al chocar mi realidad post-Europa con mi realidad sentimental-familiar... lo inesperado de las profecías, el desequilibrio disfrazado.


La primera persona de entre mis compañeros con la que hablé en esa facultad, no la recuerdo. Fue una chica, en el ascensor, que también empezaba la carrera... No supe jamás su nombre y, en realidad, creo que después de aquel semestre jamás la volví a ver.
El segundo personaje con que me topé en la facultad fue (y es todavía) un de los tipos más geniales y leales de este mundo.
Aquel lunes hablé con él en un aula de clases... y hoy, tras tanto, me vi comiendo con él en un centro comercial del sur de esta ciudad.

Las cosas sucedieron como se supone que suceden cuando son reales, de modos caóticos a veces, de formas inesperadas, maravillosas la mayor parte del tiempo... Conocí gente que es invaluable, tuve el apoyo de muchísimas personas, los abrazos de todos ellos... quizá el tiempo, la misma carrera, nuestras experiencias nos distanciaron, pero yo guardo muy en lo profundo, si no los nombres, al menos la sensación de bienestar que compartí con cada uno.


Habrá sido el segundo semestre cuando conocí a Martina y a Michelle. Y no sé cómo se forjó la amistad ni cuando las llegué a querer tanto, desconozco por completo cuándo fue que pasaron a ser mi familia, cuándo es que se volvieron tan importantes... Pero les agradezco abiertamente por los millones de instantes que hemos vivido.

Mi relación de aquel entonces, una de las relaciones amorosas más hermosas que he tenido, supo estar a mi lado durante prácticamente todo ese tiempo de medicina, de libros, de malas noches, del semestre perdido, del quiero-morirme-o-abandonarlo-todo... Xavier fue la razón por la cual conseguí avanzar con convicción, con fuerza de sus manos, con su apoyo incondicional... todo el amor que nos tuvimos, todo el amor que nos entregamos. Sé que quizá él ya nunca lea esto, pero desde lo más sincero que tengo, solo alcanzo a agradecerle hoy por todo. Sin él, definitivamente estos años me habrían parecido una tortura, una soledad a plazos de suicidio...

Sara, la hermosa, la mujer más importante de mi vida, también me brindó desde Baires todo lo que siempre necesité... Ella fue mi soporte y mi sustento, mi único aliento cuando todo parecía un infierno... Ella fue quien me ha dado ánimos de la forma más intensa, de la forma más constante a lo largo de un decenio de mi vida. Y ahí, cuando empezó toda esta historia, ahí la tenía a ella a kilómetros de suspiros y de distancia... Hoy, la tengo en mi ciudad... Y a veces, casi siempre, la tengo en mi cabeza y en mi corazón. Su perfume está en el aire y en la paz que respiro cuando pienso dos veces antes de explotar... Mi Gaviota...

Y Vanessa, mi Catira... la hermana que me conseguí en territorio europeo y que nunca ha salido de mi vida pese a los silencios. Ella también estaba conmigo aquel primer día de clases, desde su natal Venezuela, pero estaba conmigo, recordándome que ya nunca más iba a sentirme desencajada en este pedazo de mundo...

Andrés, mi flaco del cabello loco, se convirtió en mi amigo-esposo un día en Bélgica... y desde entonces, es el único hombre al que puedo llamar "amor" a gritos, sin haber tenido jamás nada carnal, nada que no fuese una amistad irracionalmente bella. 

Juan Sebastián, mi "gato"... es otro de los personajes que un día, en la cafetería, rondando el segundo año de medicina, me cautivó con su forma de ser tan desbaratada y sincera... y desde entonces, con el par de besos y la amistad bien sentida, es el único hombre con el que me hubiese acostado en épocas de lujuria, sin sexo, sin "hacerelamor" sino con amistad... Nunca sucedió pero sé que en el hipotético caso de que hubiere ocurrido habría sido como un abrazo con menos ropa.  

Muchas cosas han cambiado desde aquel primer día de clases... hoy estoy cansada, aburrida, fastidiada. Ya no tengo ánimos sino prisa, mi ropa es dos tallas más grande y ahora uso lentes para corregir mi astigmatismo y mi miopía generados con el tiempo y la lectura.
Mucha gente vino y se fue de mi lado, a muchos olvidé y muchos me olvidaron... 
Pero aún así, con los giros del mundo, hoy día que salgo de esa Facultad cargando el fin de una era, agradezco a todos por todo lo que hicieron o dejaron de hacer en su paso por mi historia.

No soy una persona precisamente estable, ni soy el mejor modelo a seguir de nada... me caracterizo por tener un humor inciso, una actitud cabreada y una extraña forma de hacer el ridículo a conciencia todos los días... Pero hoy, hoy que debería sentir que celebro algo, lo único cierto es que tras todo el sabor a fracaso que tengo encima, sé que he logrado algo conmigo misma... y mucho se lo debo a esa gente que está, que estuvo, que algún día fue mi todo, que me odia, que me quiere, que me ha olvidado.

Hoy salgo de esa facultad de medicina, de incomprensiones, de desesperación, de inestabilidad de sueño, de horarios inhumanos... hoy salgo de ese lugar que me atrapó y me robó la vida, que acabó con la mitad de lo que pude ser... hoy salgo, no sé si más arrepentida que orgullosa... pero salgo al fin y al cabo... Casi ya siendo Médica... casi ya con un título de que puedo ser útil para algo que incluya urgencia.
Hoy salgo, salí, caminando despacio como el primer día, pensando en cosas que probablemente no voy a recordar jamás...

Salí sola, como el primer día que entré... sola conmigo, con Sara, con Andrés, con Vanessa... sola con Martina y Michelle y Monsermín... Sola con Ramadán y Terán, con los recuerdos, sola y con cefalea frontal, sola y con apuro de no tener prisa, sola y cargada de la misma nostalgia, de la misma incongruencia bipolar... Sola y con Saavedra que siempre ha sido mi fantasma de alegrías y cordura, sola y recitando un Pérez Vallejo como hace años...

Salí, diciendo adiós bajito en cada aula, en cada piso... salí agradeciendo lo que no puede agradecerse.

Hoy se terminó mi pregrado de Medicina. Me espera todavía demasiado por cumplir, demasiado por arrepentirme.


Se terminó y estoy de nuevo aquí, frente a la pantalla de un computador, comiéndome las horas y el desamor. Estoy aquí, con la confianza puesta en los que confío y con la desconfianza puesta en todo el resto... Estoy aquí, haciendo ilusiones y maletas, sonriendo por el pasado que perdí y por este futuro de mierda que no me tiene nada listo... por este presente que sigue dejándome al margen de las cosas importantes...

Pero se terminó, joder... Y creo que valía la pena botar este mal trago en este sitio que ha sido mi guarida... que seguirá siéndolo...

Oficialmente Interna Rotativa
Oficialmente libre de todo mal
Oficialmente Belén y absolutamente Jaramillo Robayo
Oficialmente convencida que me equivoco demasiado en el amor.
Oficialmente segura que necesito vacaciones de todo.
Oficialmente agradecida con ustedes, con todos.
Bipolar, como es costumbre.
Yo.


viernes, noviembre 30, 2012

Noviembre desde la lluvia

Esa soy yo, desde la ventana de mi habitación, mirando al oriente... Siempre mirando al oriente...
Mi vida está como anestesiada, en pausa... El cielo está repleto de lluvias y bostezos...

(He modificado la entrada porque a diario me doy cuenta de que entrego demasiado sin recibir un comino de nada...)

Esa soy yo, mirando como siempre, sola, el universo...

martes, noviembre 20, 2012

Finales de Noviembre


Hoy, salida a prisa del sueño, aferrarme a un tubo metálico de autobús con miles de manos por antecedentes, con historias a medio contar. Mi viaje se da en un escenario a lo Macondo, repleto de olores, de temperaturas, de bostezos.

Luego, el día transcurre desde un cuartucho de hospital, lleno de nada, con manchas en las sábanas, con desprecio hacia todo, con ganas de explotar. Es el cotidiano.

Más tarde, despliegue de incertidumbre, me veo sentada frente a un banco de preguntas para las que, definitivamente, no tengo respuesta.

Esto de extrañar me tiene incompleta, desatenta. Y me importa un pito (Oliverio dixit) que hoy me juzguen, me dejen plantada o simplemente me ignoren. Hoy me importa nada que se acerquen los días de fiesta, los pretendientes y los ganadores del título "me vales un carajo desde hace tanto", hoy no me importan los influjos hormonales del medio ni que las botas tengan la suela delgada no apta para seguirme el ritmo.

Hoy no me importó nada que no fuera convertir a los satélites en los mecanismos de mi devoción, en hacer de mis intentos una llamada  satisfactoria, una que me lleve hacia tu voz, a tu existencia.

Malditas señales de telefonía inexacta, estúpida hora en que la gente pretende meterme en el saco de sus propios defectos... el reflejo íntegro de sus inseguridades, mi mala memoria por retener palabras y suspiros...

Hoy, día de noviembre impreciso...

jueves, noviembre 08, 2012

Ilustrando en jueves

Y bueno, una ilustración rapidísima para la tarde... Jugando con acuarelas porque no tenía ganas de estudiar...

Sí, lo sé, hoy no tenía ganas de retratar nada... es una ilustración, no nada realista.


Baietz a mis vivos...
Belén

martes, noviembre 06, 2012

Respuesta al siquiatra




"Alguna vez, un siquiatra desconoció mi existencia física. Lo supe porque el día que falté a su clase, le siguió hablando a mi silla como si yo estuviese ahí"
Confesiones de mi compulsión


Hoy doy fe mi existencia probable porque gasto y desecho toallas desmaquillantes y acumulo envolturas de dulces en los cajones de mi armario.
Lógico, solo alguien que exista de verdad puede llenarse la vida de azúcar, recuerdos y nosequés.

domingo, noviembre 04, 2012

4 de Noviembre, 2012


A Carlos López
Quedan en mí dos o tres momentos.
La luna se cierne sobre mi cuello
¡cuánto duele esta soledad!

Desprovista de tu cuerpo,
avanzan mis manos, en silencio,
hacia donde reposa el vacío de ti, en mis adentros.
Me rasguño el vientre y sangro al no sentirte,
mi sexo se humedece porque llora
y me tiemblan las manos y los talones,
se hace el desequilibrio en mi cadera
y tambaleando entre promesas
alcanzo tan solo a preguntarme
¿dónde estarás?

Quedan aquí,
sobre las sábanas que nos han protegido de la vida,
mi llanto frío, mi desesperación,
la saliva con que mojo cada pedazo de tela mordido,
todas las sombras de nosotros que quieren despertar.

Aquí, destrozada en la cama donde te necesito,
abrazo al tiempo que es el único que puede
salvarme 
cuando muero un poco de tanto extrañar.

sábado, noviembre 03, 2012

18 octubre - 2012

No suelo entrar en shock. Realmente hay pocas cosas que puedan sorprenderme, sobre todo si están directamente relacionadas con mi carrera.
Sin embargo, ayer me di cuenta de los niveles de sorpresa que puedo manejar, de aquellos que no logro exteriorizar y de cómo me termina afectando, todos los días, la vida y la muerte a las que enfrento y con las que convivo.
Algo tan simple como cancelar la orden de tu pedido en el restaurante antes de salir corriendo, me parece lo más adecuado, educado y lógico. Sin embargo, no pude hacer esa conexión mental ayer y fue Martina quien me puso algo de orden a la tarde.
Era medio día, me habían anticipado mis familiares que mi tío abuelo había sufrido un infarto cardiaco y que estaba camino al hospital donde yo trabajo.
Me dijeron que estaba estable y que ellos llegarían en lo que bordeaban los veinte minutos. No me preocupé y es por eso que decidí salir a almorzar.
Antes de comer, recibí la llamada de mi madre diciendo que no era un infarto, que había sido un aneurisma y que debía yo volver al hospital, a la unidad de críticos.

Realmente no tuve taquicardia, ni respiración agitada, no temblé, no gesticulé, pero tampoco estaba pensando claro. Martina me dijo: dale, cancelamos la orden y te acompaño. Aunque asentí con la cabeza, no estaba comprendiendo de qué se trataba todo hasta hoy al despertar.

Llegué a la unidad de críticos, entré sola porque estaba con el uniforme y el mandil, así que me abrí paso entre todas las barreras de seguridad y bioseguridad que existen en el sitio. Al llegar, me topé con una imagen que me es familiar, que me es cotidiana: un paciente desnudo, cubierto por esa horrible prenda azul que disimula la piel, con una cobija verde, conectado a un aparato que muestra los signos vitales. A su lado, dos mujeres llorando y mirándome a los ojos como si yo pudiese en algo revertir la situación. Aquellas mujeres son mi tía abuela y mi prima, mismas que sujetaban con fuerza las manos del cadáver que resultaba ser mi tío.
"Enrique, ya vamos a la casa" le decía con verdadera angustia mi tía Fabiola, sin poder contener las lágrimas.
"Papito, papito querido, todo va a estar bien. Despierta papito, ¿quién le va a ir a ver a la Fabiana?" así le decía mi prima, refiriéndose a la nieta de mi frío, pálido, tío Enrique.

Lo vi, miré sus ojos y supe que tenía ya muerte cerebral. Si había aún latidos cardiacos eran los residuales, los últimos que da el corazón antes de que se le agote la energía. Y miré el electrocardiograma, y vi esa estúpida ST en supradesnivel... y vi como iba empeorando, como empezaban las fibrilaciones y como finalmente se detenía la vida frente a mis ojos una vez más.

Hice salir a mis familiares y el médico que recibió a mi tío me contó que todo había sucedido de forma demasiado rápida. " El paciente refirió que un primer dolor empezó a la madrugada y un segundo le llegó más tarde cuando fue a la farmacia a comprar algo para un supuesto dolor abdominal. Yo creo que fue un aneurisma, pero eso solo lo sabremos si hacemos la autopsia, Doctorita"
Lo miré casi sonriendo porque me causa todavía gracia que crean que estoy ya graduada. Sin embargo, le dije que dudaba mucho que los familiares quisieran autopsia y que, además, yo era sobrina del fallecido.
"Revísale abdomen" me dijo "hay una masa ahí que todavía debe estar palpitando".
Durante mis años de carrera, he desvestido y vestido a muchos cadáveres, a una cantidad abismal de cuerpos que mueren por miles de causas distintas. Siempre guardo el mismo respeto para todos, incluso ayer, cuando tuve que ver el cuerpo desnudo de mi tío y constatar haciendo maniobras y presionando por todo lado, que había una masa a nivel abdominal que no era compatible sino con un diagnóstico como el que el médico Carlos Flores tenía ya pensada como causa de muerte.

"Se le accidentó el aneurisma. Se le cortó la aorta" Me puse a pensar en los libros, en la fisiopatología de las cosas, en la génesis de los problemas, en la carga hereditaria que un aneurisma tiene, en la clínica manifiesta. Le agradecí a Carlos y salí a ver a mi familia que lloraba desconsoladamente afuera del área de críticos.

"Tú y el Favio tienen que hacerse una tomografía contrastada para ver si no tienen el mismo aneurisma". Eso le dije a Soledad, mi prima, que no estaba aquí ni en ninguna parte.
El día sábado iba su pareja a pedir su mano y mi tío estaba tan contento que para hoy tenía planeado ir a comprarse un traje nuevo y el champagne.

En realidad no sé si lo que duele es la vida o la muerte, no sé qué me indigna más al final de cuentas...

Luego, a consolar a todos los que iban llegando... y yo, que no tengo más poder que el de cualquier trabajador de salud en el hospital, me di el trabajo de ubicar a mi familia dentro del hospital, haciendo que pasen a zonas donde normalmente no es permitido el paso y llevando a mi tío a la morgue.

Tuve que hacer el papeleo, averiguar cómo diablos conseguir un acta de defunción, qué criterios debía tener el acta, cómo llenarla, qué otros trámites más pide la burocracia para legalmente poderse llevar uno el cuerpo de un ser querido, de un familiar... de otro cadáver más en la memoria de mis años de estudio.

Tengo esa dicotomía extraña... el 50% exacto de mí sentía pena por perder al hombre que catalogué como "el que sabía todo de las plantas y la geografía y al que seguían los animales y niños". Pero el otro 50% se sentía trabajando, analizando las causas de muerte, lo que debía seguir a esto, buscar cómo ayudar a la familia del muerto, agilitar el proceso, buscar quien formolice el cuerpo, conseguir las autorizaciones pertinentes tanto para el ingreso a la morgue como para la salida del cuerpo en el ataúd.

Mientras corría de un lado a otro, explicaba a todos qué era un aneurisma y porqué no hubo (en teoría) nada qué hacer, entre que perdí el hambre y me empezaba a indigestar de ansiedad y frío, mientras todo sucedía, deseaba que mi casi-esposo estuviese conmigo.
Hubiera querido que mi Carlos esté ahí, para darme un abrazo, para acompañarme en ese instante de inseguridad mental que tuve, de desconocimiento de todo.
Además, sentirlo es confirmar que mi vida a su lado es posible y que si me muero, habré tenido razones más que buenas para haber vivido.
Y pude ver, sí, que a pesar de todo, mi tío murió feliz, tranquilo, dejando todos los pendientes que un padre puede resolver en la vida... hizo todo lo que debía y vivió fantásticamente.

Vivían en Machachi, una zona rural cercana a Quito donde todo el tiempo se cultiva todo lo que uno desee. El clima es frío, pero la tierra es fértil gracias a las erupciones volcánicas que caracterizan a mi zona sierra del país.
Fumó al menos unos 50 años, más de veinte tabacos al día y tenía los pulmones en mejor condición que yo que solo fumo uno o dos al mes. Nunca tuvo infecciones a nada, en 79 años de vida recién cumplidos una sola vez tuvo una crisis de "gota" y jamás conocíó las infecciones urinarias ni las gripes devastadoras.
Un tipo sano, jodidamente sano, que se valía por sí mismo, que trepaba árboles y bajaba orquídeas para su mujer que es gran coleccionadora de las mismas. Un tipo que todos los días desde hace más de 40 años, le preparó a su mujer el desayuno y se lo llevó a la cama, que siempre hizo lo mismo con sus dos hijos, que nos llevaba en las noches papas fritas y a la mañana chocolate con leche y pan recién horneado.
Estaba más sano que cualquiera de nosotros... pero nunca supimos del aneurisma.

Al caer la tarde, tras seis horas de yo ir corriendo por todo lado y mirando la agonía en el rostro de todos, me senté un momento a abrazar a mi mochila y mirar a mi alrededor.
No me sentía parte del grupo pero podía sentir su dolor.
Cada uno de los presentes comentaba su versión de las cosas, las últimas palabras que oyeron del tío Enrique, del "Ñaño", de don Quique, del tío Djica, del ahora "pobre viejo" y "papito amado".

Subí un momento a la sala de críticos donde había estado mi tío y me llené con esa sensación que solo el médico puede usar para sentirse mejor. En el cubículo donde horas atrás arrancaron las agujas del cadáver de mi pariente, ahora estaba una señora, entrada en años, a quien estaban por darle el alta y enviar a su casa.

La vida llena los lugares que va dejando la muerte. Pero la muerte llena los lugares que los vivos pierden cuando un ser al que aman se va.

Creo que a la larga, la muerte va ganando... pero es la vida que tuvimos, los momentos que regalamos, las cosas que hicimos, las que hacen que haber muerto haya valido la pena de todos.

Desde luego, como toda buena familia de los Andes, no podían faltar los relatos mágicos asociados al tema... y yo, que siempre prefiero evitarme esas situaciones que pueden fragmentarme el pensamiento y llevarme a recaídas de mi enfermedad, tuve que escuchar lo que prefiero dejar solo por escrito y no opinar más allá de lo necesario.

Mi prima, apoyada contra una pared helada de la morgue, me dijo: "sabía que algo iba a pasar. Ayer se murió el gato, con derrame cerebral".
Desde luego, no quise indagar más, pero ella siguió... "El gato que nos regalaste, el Inocencio, ayer se murió en la casa y el Enrique le llevó al veterinario para que vean de qué se murió. Cuando le abrieron, dijo el veterinario que fue derrame cerebral y que quizá fue un aneurisma".

Mi tío siempre estuvo al tanto de los animales así como ellos de él. No conocí ningún animal, de ninguna especie, que no se le acercase... las palomas iban a verlo, los mirlos le picoteaban la ventana de la cocina para pedirle comida, los gatos le seguían a todas partes y aparecían de la nada cuando escuchaban su voz, los perros le seguían...
Yo no sé con qué formas maquina la energía y el universo, pero sí creo que aquella vieja tradición nuestra, de curar enfermedades usando a los cuyes (conocidos como cobayas o conejillos de Indias) porque el "animal absorbe las enfermedades", quizá, y solo quizá, tengan una explicación.

Y así, octubre empezó a dejarme amargos momentos que yo no sabía iba a ser capaz de soportar...




domingo, octubre 21, 2012

Otro pedacito de mi libro "Confesiones de mi compulsión"

" Y siento pena porque él no entiende. No, no entiende que debajo de mis pensamientos existe un mar de intenciones, un universo de probabilidades que empieza a arrojar, con cada nueva ola, lo que podría significar una despedida definitiva.
No. Él no entiende mi silencio ni mis frases entrecortadas. Tampoco es capaz de entender mi llanto.
Él existe para él, para sus obsesiones... él existe en la medida en que es juzgado por su propia cabeza y en la demanda que le sigue a ese mero hecho de creer que existir significa estar físicamente.
En lo que a mí respecta, él no ha estado nunca conmigo y dudo, de verdad dudo, que un día sea capaz de conseguirlo..."


Capítulo: Carta a deshoras

Confesiones de mi compulsión

sábado, septiembre 22, 2012

De regreso // fotos by Me


La iglesia de San Francisco de Quito, un día cualquiera, una noche cualquiera.

Han pasado muchos meses desde que dejé de escribir aquí. Desde luego que muchas sucedieron desde entonces, pero solo vale mencionar aquellas que más cambiaron el curso de mis días.
Empecé a recibir terapia farmacológica porque empecé a ir al siquiatra. El trabajo en el que me encuentro no es precisamente el más placentero ni relajante de la vida... La vida de médico enloquece y si le agregamos la pizca de locura innata... podría mentir diciendo que iba a buscar un suicidio, pero no lo haré. Hace unos seis meses entré en crisis depresiva y básicamente una cosa llevo a la otra y en estos momentos estoy tratando de controlar mi bipolaridad. Ya sabía que era bipolar, pero siempre me rehusé a la medicación.



"Mis primeros sicotrópicos"
En un inicio, los efectos del litio, los ansiolíticos (bromazepam) y el antidepresivo (paroxetina) fueron devastadores... juré más de una vez que no iba a morirme de bipolaridad sino por efectos adversos. Pero salí de eso, de ese estado de sedación a un estado de equilibrio nuevo para mí. Me gustó, sí, me gustó ser objetiva, no ser impulsiva, ser un juguetito de cuerda que se mueve por inercia y por física... Por eso hace unas semanas abandoné el tratamiento. Porque extrañaba ser quien soy.
Lo que está por venir aún es una incógnita respecto a lo que podría llamarse "mi salud mental" pero lo cierto es que me amo tal cual soy... y mi personalidad extrema no ha sido causa de disfunciones en mi vida cotidiana nunca... no sé aún si seguir o no "durmiendo" con las pastillas... si debo o no dejarme ser el animalito con serotonina alterada o una mujer promedio, con carácter promedio, con sentimientos promedio...
De todas formas, fue interesante sentir lo que para algunos es la "normalidad"...

Por otro lado, tras seis años de relación, mi enaquelentoncespareja y yo hemos terminado. Más bien, lo dejé. No sé si fuera efecto de la medicación pues lo hice en esa temporada de adaptación o el peso de las mentiras que le dije durante tanto tiempo, o la mezcla de ambas... pero lo dejé porque no podía más callarme las cosas que le hice.
¿Lo amé? Desde luego que sí... pero también suelo ser una vengativa de mierda que no sabe del todo perdonar las mentiras... Y cargué con eso durante 6 años más crisis de hipomanía y depresiones alternadas.

(Ahora mismo recuerdo alguna tarde, de su mano, comprando galletas en una panadería, mientras en mi ciudad llovía levemente... en serio que éramos felices...)
Las cosas salidas de control suelen descarriar universos. Decidí contarle la verdad respecto a todo y aunque intentamos mantener una relación amistosa, no duró más de una semana el intento y ya nunca volveremos a saber de la vida del otro. Me lo pidió, me pidió que no volviera a merodear en su vida y se lo voy a cumplir pues es lo menos que merece.

Detrás de cada sonrisa dicen que hay una razón... La mía ahora tiene nombre y apellido y como 8 horas de distancia en el medio de transporte más económico de mi país.
Y sí, es médico, joven... y aspira como yo a alcanzar algo en esta profesión que tenemos.
Se le ocurrió darme un anillo al poco tiempo de empezar a establecer nuestra relación... tenemos un compromiso, de algún tipo, con algún fin... un compromiso al fin y al cabo.
Por ahora solo sé que me siento bien a su lado, que me siento completa y que he empezado una nueva relación completamente sincera...
(15-12-2012:completamente sincera de mi parte...)


¿Literatura? ¿Arte? He tenido que dejar todo eso porque regresé a la vida de hospital... Y ahora estoy trabajado en el Hospital de referencia de mi país... Es decir, el hospital de especialidades más importante que tenemos...
Los horarios son terribles, el trabajo es pesado, la vida transcurre por fuera de ese lugar... 

No puedo extenderme, porque no quiero y porque no puedo...
Pero vuelvo... al final de todo, vuelvo.