sábado, noviembre 03, 2012

18 octubre - 2012

No suelo entrar en shock. Realmente hay pocas cosas que puedan sorprenderme, sobre todo si están directamente relacionadas con mi carrera.
Sin embargo, ayer me di cuenta de los niveles de sorpresa que puedo manejar, de aquellos que no logro exteriorizar y de cómo me termina afectando, todos los días, la vida y la muerte a las que enfrento y con las que convivo.
Algo tan simple como cancelar la orden de tu pedido en el restaurante antes de salir corriendo, me parece lo más adecuado, educado y lógico. Sin embargo, no pude hacer esa conexión mental ayer y fue Martina quien me puso algo de orden a la tarde.
Era medio día, me habían anticipado mis familiares que mi tío abuelo había sufrido un infarto cardiaco y que estaba camino al hospital donde yo trabajo.
Me dijeron que estaba estable y que ellos llegarían en lo que bordeaban los veinte minutos. No me preocupé y es por eso que decidí salir a almorzar.
Antes de comer, recibí la llamada de mi madre diciendo que no era un infarto, que había sido un aneurisma y que debía yo volver al hospital, a la unidad de críticos.

Realmente no tuve taquicardia, ni respiración agitada, no temblé, no gesticulé, pero tampoco estaba pensando claro. Martina me dijo: dale, cancelamos la orden y te acompaño. Aunque asentí con la cabeza, no estaba comprendiendo de qué se trataba todo hasta hoy al despertar.

Llegué a la unidad de críticos, entré sola porque estaba con el uniforme y el mandil, así que me abrí paso entre todas las barreras de seguridad y bioseguridad que existen en el sitio. Al llegar, me topé con una imagen que me es familiar, que me es cotidiana: un paciente desnudo, cubierto por esa horrible prenda azul que disimula la piel, con una cobija verde, conectado a un aparato que muestra los signos vitales. A su lado, dos mujeres llorando y mirándome a los ojos como si yo pudiese en algo revertir la situación. Aquellas mujeres son mi tía abuela y mi prima, mismas que sujetaban con fuerza las manos del cadáver que resultaba ser mi tío.
"Enrique, ya vamos a la casa" le decía con verdadera angustia mi tía Fabiola, sin poder contener las lágrimas.
"Papito, papito querido, todo va a estar bien. Despierta papito, ¿quién le va a ir a ver a la Fabiana?" así le decía mi prima, refiriéndose a la nieta de mi frío, pálido, tío Enrique.

Lo vi, miré sus ojos y supe que tenía ya muerte cerebral. Si había aún latidos cardiacos eran los residuales, los últimos que da el corazón antes de que se le agote la energía. Y miré el electrocardiograma, y vi esa estúpida ST en supradesnivel... y vi como iba empeorando, como empezaban las fibrilaciones y como finalmente se detenía la vida frente a mis ojos una vez más.

Hice salir a mis familiares y el médico que recibió a mi tío me contó que todo había sucedido de forma demasiado rápida. " El paciente refirió que un primer dolor empezó a la madrugada y un segundo le llegó más tarde cuando fue a la farmacia a comprar algo para un supuesto dolor abdominal. Yo creo que fue un aneurisma, pero eso solo lo sabremos si hacemos la autopsia, Doctorita"
Lo miré casi sonriendo porque me causa todavía gracia que crean que estoy ya graduada. Sin embargo, le dije que dudaba mucho que los familiares quisieran autopsia y que, además, yo era sobrina del fallecido.
"Revísale abdomen" me dijo "hay una masa ahí que todavía debe estar palpitando".
Durante mis años de carrera, he desvestido y vestido a muchos cadáveres, a una cantidad abismal de cuerpos que mueren por miles de causas distintas. Siempre guardo el mismo respeto para todos, incluso ayer, cuando tuve que ver el cuerpo desnudo de mi tío y constatar haciendo maniobras y presionando por todo lado, que había una masa a nivel abdominal que no era compatible sino con un diagnóstico como el que el médico Carlos Flores tenía ya pensada como causa de muerte.

"Se le accidentó el aneurisma. Se le cortó la aorta" Me puse a pensar en los libros, en la fisiopatología de las cosas, en la génesis de los problemas, en la carga hereditaria que un aneurisma tiene, en la clínica manifiesta. Le agradecí a Carlos y salí a ver a mi familia que lloraba desconsoladamente afuera del área de críticos.

"Tú y el Favio tienen que hacerse una tomografía contrastada para ver si no tienen el mismo aneurisma". Eso le dije a Soledad, mi prima, que no estaba aquí ni en ninguna parte.
El día sábado iba su pareja a pedir su mano y mi tío estaba tan contento que para hoy tenía planeado ir a comprarse un traje nuevo y el champagne.

En realidad no sé si lo que duele es la vida o la muerte, no sé qué me indigna más al final de cuentas...

Luego, a consolar a todos los que iban llegando... y yo, que no tengo más poder que el de cualquier trabajador de salud en el hospital, me di el trabajo de ubicar a mi familia dentro del hospital, haciendo que pasen a zonas donde normalmente no es permitido el paso y llevando a mi tío a la morgue.

Tuve que hacer el papeleo, averiguar cómo diablos conseguir un acta de defunción, qué criterios debía tener el acta, cómo llenarla, qué otros trámites más pide la burocracia para legalmente poderse llevar uno el cuerpo de un ser querido, de un familiar... de otro cadáver más en la memoria de mis años de estudio.

Tengo esa dicotomía extraña... el 50% exacto de mí sentía pena por perder al hombre que catalogué como "el que sabía todo de las plantas y la geografía y al que seguían los animales y niños". Pero el otro 50% se sentía trabajando, analizando las causas de muerte, lo que debía seguir a esto, buscar cómo ayudar a la familia del muerto, agilitar el proceso, buscar quien formolice el cuerpo, conseguir las autorizaciones pertinentes tanto para el ingreso a la morgue como para la salida del cuerpo en el ataúd.

Mientras corría de un lado a otro, explicaba a todos qué era un aneurisma y porqué no hubo (en teoría) nada qué hacer, entre que perdí el hambre y me empezaba a indigestar de ansiedad y frío, mientras todo sucedía, deseaba que mi casi-esposo estuviese conmigo.
Hubiera querido que mi Carlos esté ahí, para darme un abrazo, para acompañarme en ese instante de inseguridad mental que tuve, de desconocimiento de todo.
Además, sentirlo es confirmar que mi vida a su lado es posible y que si me muero, habré tenido razones más que buenas para haber vivido.
Y pude ver, sí, que a pesar de todo, mi tío murió feliz, tranquilo, dejando todos los pendientes que un padre puede resolver en la vida... hizo todo lo que debía y vivió fantásticamente.

Vivían en Machachi, una zona rural cercana a Quito donde todo el tiempo se cultiva todo lo que uno desee. El clima es frío, pero la tierra es fértil gracias a las erupciones volcánicas que caracterizan a mi zona sierra del país.
Fumó al menos unos 50 años, más de veinte tabacos al día y tenía los pulmones en mejor condición que yo que solo fumo uno o dos al mes. Nunca tuvo infecciones a nada, en 79 años de vida recién cumplidos una sola vez tuvo una crisis de "gota" y jamás conocíó las infecciones urinarias ni las gripes devastadoras.
Un tipo sano, jodidamente sano, que se valía por sí mismo, que trepaba árboles y bajaba orquídeas para su mujer que es gran coleccionadora de las mismas. Un tipo que todos los días desde hace más de 40 años, le preparó a su mujer el desayuno y se lo llevó a la cama, que siempre hizo lo mismo con sus dos hijos, que nos llevaba en las noches papas fritas y a la mañana chocolate con leche y pan recién horneado.
Estaba más sano que cualquiera de nosotros... pero nunca supimos del aneurisma.

Al caer la tarde, tras seis horas de yo ir corriendo por todo lado y mirando la agonía en el rostro de todos, me senté un momento a abrazar a mi mochila y mirar a mi alrededor.
No me sentía parte del grupo pero podía sentir su dolor.
Cada uno de los presentes comentaba su versión de las cosas, las últimas palabras que oyeron del tío Enrique, del "Ñaño", de don Quique, del tío Djica, del ahora "pobre viejo" y "papito amado".

Subí un momento a la sala de críticos donde había estado mi tío y me llené con esa sensación que solo el médico puede usar para sentirse mejor. En el cubículo donde horas atrás arrancaron las agujas del cadáver de mi pariente, ahora estaba una señora, entrada en años, a quien estaban por darle el alta y enviar a su casa.

La vida llena los lugares que va dejando la muerte. Pero la muerte llena los lugares que los vivos pierden cuando un ser al que aman se va.

Creo que a la larga, la muerte va ganando... pero es la vida que tuvimos, los momentos que regalamos, las cosas que hicimos, las que hacen que haber muerto haya valido la pena de todos.

Desde luego, como toda buena familia de los Andes, no podían faltar los relatos mágicos asociados al tema... y yo, que siempre prefiero evitarme esas situaciones que pueden fragmentarme el pensamiento y llevarme a recaídas de mi enfermedad, tuve que escuchar lo que prefiero dejar solo por escrito y no opinar más allá de lo necesario.

Mi prima, apoyada contra una pared helada de la morgue, me dijo: "sabía que algo iba a pasar. Ayer se murió el gato, con derrame cerebral".
Desde luego, no quise indagar más, pero ella siguió... "El gato que nos regalaste, el Inocencio, ayer se murió en la casa y el Enrique le llevó al veterinario para que vean de qué se murió. Cuando le abrieron, dijo el veterinario que fue derrame cerebral y que quizá fue un aneurisma".

Mi tío siempre estuvo al tanto de los animales así como ellos de él. No conocí ningún animal, de ninguna especie, que no se le acercase... las palomas iban a verlo, los mirlos le picoteaban la ventana de la cocina para pedirle comida, los gatos le seguían a todas partes y aparecían de la nada cuando escuchaban su voz, los perros le seguían...
Yo no sé con qué formas maquina la energía y el universo, pero sí creo que aquella vieja tradición nuestra, de curar enfermedades usando a los cuyes (conocidos como cobayas o conejillos de Indias) porque el "animal absorbe las enfermedades", quizá, y solo quizá, tengan una explicación.

Y así, octubre empezó a dejarme amargos momentos que yo no sabía iba a ser capaz de soportar...




domingo, octubre 21, 2012

Otro pedacito de mi libro "Confesiones de mi compulsión"

" Y siento pena porque él no entiende. No, no entiende que debajo de mis pensamientos existe un mar de intenciones, un universo de probabilidades que empieza a arrojar, con cada nueva ola, lo que podría significar una despedida definitiva.
No. Él no entiende mi silencio ni mis frases entrecortadas. Tampoco es capaz de entender mi llanto.
Él existe para él, para sus obsesiones... él existe en la medida en que es juzgado por su propia cabeza y en la demanda que le sigue a ese mero hecho de creer que existir significa estar físicamente.
En lo que a mí respecta, él no ha estado nunca conmigo y dudo, de verdad dudo, que un día sea capaz de conseguirlo..."


Capítulo: Carta a deshoras

Confesiones de mi compulsión

sábado, septiembre 22, 2012

De regreso // fotos by Me


La iglesia de San Francisco de Quito, un día cualquiera, una noche cualquiera.

Han pasado muchos meses desde que dejé de escribir aquí. Desde luego que muchas sucedieron desde entonces, pero solo vale mencionar aquellas que más cambiaron el curso de mis días.
Empecé a recibir terapia farmacológica porque empecé a ir al siquiatra. El trabajo en el que me encuentro no es precisamente el más placentero ni relajante de la vida... La vida de médico enloquece y si le agregamos la pizca de locura innata... podría mentir diciendo que iba a buscar un suicidio, pero no lo haré. Hace unos seis meses entré en crisis depresiva y básicamente una cosa llevo a la otra y en estos momentos estoy tratando de controlar mi bipolaridad. Ya sabía que era bipolar, pero siempre me rehusé a la medicación.



"Mis primeros sicotrópicos"
En un inicio, los efectos del litio, los ansiolíticos (bromazepam) y el antidepresivo (paroxetina) fueron devastadores... juré más de una vez que no iba a morirme de bipolaridad sino por efectos adversos. Pero salí de eso, de ese estado de sedación a un estado de equilibrio nuevo para mí. Me gustó, sí, me gustó ser objetiva, no ser impulsiva, ser un juguetito de cuerda que se mueve por inercia y por física... Por eso hace unas semanas abandoné el tratamiento. Porque extrañaba ser quien soy.
Lo que está por venir aún es una incógnita respecto a lo que podría llamarse "mi salud mental" pero lo cierto es que me amo tal cual soy... y mi personalidad extrema no ha sido causa de disfunciones en mi vida cotidiana nunca... no sé aún si seguir o no "durmiendo" con las pastillas... si debo o no dejarme ser el animalito con serotonina alterada o una mujer promedio, con carácter promedio, con sentimientos promedio...
De todas formas, fue interesante sentir lo que para algunos es la "normalidad"...

Por otro lado, tras seis años de relación, mi enaquelentoncespareja y yo hemos terminado. Más bien, lo dejé. No sé si fuera efecto de la medicación pues lo hice en esa temporada de adaptación o el peso de las mentiras que le dije durante tanto tiempo, o la mezcla de ambas... pero lo dejé porque no podía más callarme las cosas que le hice.
¿Lo amé? Desde luego que sí... pero también suelo ser una vengativa de mierda que no sabe del todo perdonar las mentiras... Y cargué con eso durante 6 años más crisis de hipomanía y depresiones alternadas.

(Ahora mismo recuerdo alguna tarde, de su mano, comprando galletas en una panadería, mientras en mi ciudad llovía levemente... en serio que éramos felices...)
Las cosas salidas de control suelen descarriar universos. Decidí contarle la verdad respecto a todo y aunque intentamos mantener una relación amistosa, no duró más de una semana el intento y ya nunca volveremos a saber de la vida del otro. Me lo pidió, me pidió que no volviera a merodear en su vida y se lo voy a cumplir pues es lo menos que merece.

Detrás de cada sonrisa dicen que hay una razón... La mía ahora tiene nombre y apellido y como 8 horas de distancia en el medio de transporte más económico de mi país.
Y sí, es médico, joven... y aspira como yo a alcanzar algo en esta profesión que tenemos.
Se le ocurrió darme un anillo al poco tiempo de empezar a establecer nuestra relación... tenemos un compromiso, de algún tipo, con algún fin... un compromiso al fin y al cabo.
Por ahora solo sé que me siento bien a su lado, que me siento completa y que he empezado una nueva relación completamente sincera...
(15-12-2012:completamente sincera de mi parte...)


¿Literatura? ¿Arte? He tenido que dejar todo eso porque regresé a la vida de hospital... Y ahora estoy trabajado en el Hospital de referencia de mi país... Es decir, el hospital de especialidades más importante que tenemos...
Los horarios son terribles, el trabajo es pesado, la vida transcurre por fuera de ese lugar... 

No puedo extenderme, porque no quiero y porque no puedo...
Pero vuelvo... al final de todo, vuelvo.

martes, abril 10, 2012

Procrastinare humanum est

(no existe dedicatoria ni nada parecido.... mera actualización del blog en señal de procrastinación pre-sentarme a estudiar enfermedades tropicales)

Descubrí que no me gusta fumar sola,

que los días de lluvia sí me deprimen un poco

y que al final mis ganas de estar sin ti

se van, junto a las colillas encendidas,

en los ríos de agua que se ahogan en las alcantarillas de esta ciudad.

Si me preguntasen porqué lo hago, entonces,

tendría que inventarme un pretexto que no fuese evidente

y que resultase del acto tan primitivo

de frotarse las manos y esquivar miradas.

A la derecha.

Siempre.

“porque no le temo a la soledad

ni tengo miedo de encontrarme conmigo misma

a la vuelta de este verso”

Descubrí que me gusta relatar todo en tercera persona,

que me duele mirar el asiento del autobús cuando me bajo,

que tus labios conservan un sabor a distancias

y que, definitivamente, no tengo orientación geográfica ni espacial.

Y si me preguntan porqué estoy a tu lado,

maldita suerte,

tendré que recurrir a la sustitución de mi boca por mentiras,

al café sin azúcar y las galletas de migajas,

tendré que acusarme repetidas veces

hasta encontrar la manera de no tener que morir, necesariamente,

cuando confiese que no lo sé...

jueves, marzo 15, 2012

Bipolaridad en mi estado // foto: Cv, por mí


En lugar de armar carpetas con poemas y dibujos, ahora armo mi Currículum vitae para que me aprueben la tesis...


Sé que no son demasiados los años que tengo. Pero ya se sienten.
He pasado muy poco por el mundo virtual y eso jode. Pero creo que más joden las razones que, a veces, me suenan hasta equivocadas.

Ya es el quinto año de Medicina. Parece que fue ayer cuando tenía que madrugar desayunando anatomía y fisiología (materias básicas)... no me creo que hoy por hoy lo que tenga que estudiar sea el manejo integral de la enfermedad y del paciente. Las famosas Guías de Práctica Clínica.

Parece que fue ayer cuando bajaba del avión de KLM y me reencontraba con el pasado. Que dudaba si seguir con mis planes o abortar todo para seguir mis caprichos. Intuyo que escogí bien el camino porque pese a estar cansada, también estoy feliz.

(El tema de la carrera es uno que resalta en la primera página de mis novedades. Sé que esto sucede porque la carrera es con lo que más peleo.)

No son demasiados años los que vivo, pero se sienten. Estoy a punto de cumplir 6 años con mi pareja y eso tampoco me lo creo. Es impresionante ver que después de tanto aún conservamos esa vitalidad, esa frescura en la relación... quizá porque ambos somos jóvenes, pero también quizá es que nuestra relación demostró que puede soportar de todo.

A veces me siento "vieja" cuando miro a otras parejas de muchachos mucho más jóvenes que yo, caminando por la calle... o cuando me siento a la mesa y escucho a mis compañeros/colegas (los solteros) cuando hablan de buscar pareja.
Para muchos la aventura recién empieza... Y aunque pueda ser tildada de "demasiado optimista", yo siento que esa aventura en mi caso ya ha terminado.

Mis padres ya pasaron los 50 años. Están más cerca de la tercera edad... Mi hermanito menor ya llegó a la Universidad... El hermano menor de una de mis mejores amigas ya tiene su primera novia... La mayoría de amigos que conocí a lo largo de mi vida por cuestiones culturales están al borde de la jubilación... El tipo que me coqueteaba en el hospital donde estuve trabajando, tiene 58...

Sé que no tengo demasiados años, pero ya se sienten...



miércoles, enero 04, 2012

mail (Huilo Ruales) // fotografía tomada de la web: Huilo

"La literatura no ocurre ni en los dedos ni en las palabras sino en la manera de ver el mundo, conforme ve uno el mundo se expresa de una forma acorde con ello"

Así habla Huilo Ruales. Y yo no tengo certezas, tan solo soy testigo de mi propia historia.
Es cierto que cada nuevo año me empuja a refugiarme en las letras de Huilo. Pero no lo hago a propósito (o al menos eso quiero creer).

Hace un mes algún genio organizó en mi capital una Feria del Libro. Entre Kenzaburosoé y Orhanespamuk, también me topé con el "Pabellón B".
"Pabellón B" es un poemario delicioso, nostálgico, con resaca. Huilo siempre ha podido cautivarme pero más allá de eso, siempre aparece en mi vida por sorpresa.

Frases como "porque los lunes nos fumamos hasta las uñas" o esa que empieza con "O quizá los lunes no existen. O no están hechos de tiempo" son dos bocaditos que me los vengo masticando ya desde hace tiempo. No tengo nada con los lunes, soy una persona de jueves, lo saben bien. Pero... no sé, siento que hay un diálogo con el autor. Cada página de sus libros sirven para que yo los discuta, los engulla, los acuse, los ame, los aprenda.

No vine a poner un post que engrandezca a Huilo. Nada más vine a compartir... y sí, a recomendarlo, qué carajos... si alguien de entre quienes lean esto, consigue un Huilorualeshualca, le recomiendo que lo lean con un cigarro a la mano y con mucha, mucha, mucha entrega. Este hombre atrapa y luego, aunque te conceda la libertad, ya no quieres alejarte.

De todas maneras, empezando un 2012, además de desearles un buen mes de enero, les dejo de regalo (tomado literal desde la página 73) esta maravilla que se titula:

mail

por acá, ya lo sabes, tampoco escasean los lunes
enlunecidos, enlunados, enlonados, enluctuosos,
lunes de arañas y cuellos lívidos para vampiros
rumanos
lunes de enfermos que se saludan y vomitan ha-
cia adentro y que sueñan con una vida de pesca
en las gavetas bancarias.
santos y sacrílegos que se aferran al lunes como al
candado que los encierra y que podría liberarlos.
quién no se ha visto cara a cara los lunes como si
uno fuera por lo menos dos y los dos tuvieran el
rostro sin orificios para ver o gritar o respirar. el
rostro, una superficie lisa y gris como la nuca.
acá en los lunes funcionan una suerte de clósets
municipales en donde, sin pagar un centavo, se
entra, se cierra la puerta frente a un espejo sin
reflejo y se llora a mares. casi nadie los usa. to-
dos prefieren caminar pegados a los muros y con
los puños intentando solapadamente romper el
fondo de los bolsillos.
los teléfonos celulares en los lunes se multiplican
como abejas asesinas en las bocas, en las orejas.
de las radios chorrea sangre en polvo y la limpie-
za de las calles solo es posible con éter.
los lunes tienen la camisa almidonada pero el
cuello mugriento a causa de la sórdida fiesta do-
mingueña.
los lunes son los bastardos del domingo vesper-
tino que es casi como otro día aunque no tenga
nombre y que es un hueco, un intersticio por don-
de se atisba el otro lado de la corteza terrestre y se
olfatea de lo que es capaz la fuerza centrípeta.
los lunes hasta los amantes puros se convierten
en alimañas.
los lunes emergen como tenias por el ano del do-
mingo vespertino que siempre culmina convir-
tiéndose en pantano.
los insomnes saben de los sonidos terribles que
hacen las bisagras malditas, las toses mecánicas
de los lunes.
en esa madrugada, los locos y los poetas, que
con frecuencia suelen ser los mismos, escuchan
la desesperación de las sirenas y en el fondo del
silencio los sollozos de los marginados y el galo-
pe de sus corazones enloquecidos.
los lunes, en efecto la muerte propia o ajena re-
sulta dúctil
el cuchillo como en ninguna otra madrugada re-
sulta una prolongación natural del estremecido
brazo.
en los cuerpos dormidos los lunes ovulan enfer-
medades mortales.
en la bolsa de valores los lunes al alba se calculan
montañas de dinero untado en sangre.
cada lunes los escolares cantan el himno nacio-
nal, sintiendo en todo el cuerpo la primigenia
sarna de la desolación.
un lunes gregorio samsa amaneció convertido
en cucaracha.
marcel proust en un amanecer de lunes se dio
cuenta de que el tiempo era irrecuperable.
el tono de molloy lo encontró beckett un lunes
de bar que descubrió entre sus enormes manos
sedosas la estupidez de tener manos y en el pe-
cho una puerta abierta entre dos abismos.
sylvia plath y virginia woolf se adjudicaron de
mano limpia y propia su muerte un día que en el
fondo fue a todas luces un helado lunes
artaud edificó su locura contagiando de lunes los
martes, los jueves, las tardes, los habitáculos, el
opio, la palabra, la sonrisa helada de las vampiresas,
el desamparo de los emigrantes, los actores de sus
piezas que las asumían como si todo fiera lunes.
lunes helados, simétricos con las estaciones de
tren abandonandas,
lunes infinitos, serpenteados, siempre al margen
de los precipicios, por donde vuelven de la gue-
rra los soldados que no encuentran casa ni amor
sino un cráter
los lunes nacemos de espaldas y con el cordón
umbilical atado entre los zapatos.
tanto nacemos los lunes. tanto morimos y mata-
mos los lunes.


domingo, diciembre 04, 2011

Como siempre, tarde // fotografía: Kurt Vonnegut (tomada de algún lado de la red)




Siempre llego puntual a aquellos escenarios que no cargan, por sí mismos, demasiado valor.
Acostumbro siempre estar en el sitio acordado al menos con diez minutos de anticipación.
Sin embargo mi carente impuntualidad tiene su espejo en mi arrepentimiento. Sí, ese frente al cual no puedo hacer nada.

Incluso llegué tarde a mi propio nacimiento porque vine a parar en este mundo una semana más tarde de lo que debía (nací de 41 semanas... me negaba ¿eh?...)

Yo no tenía nada que ver con el nacimiento, porque aunque era mío yo no podía controlarlo.
Por eso cargo, intuyo, una forma belenezca de llegar tarde. A la presentación de libros, a la fotografía memorable, a los autores ideales.

A nueve años, cien mil kilómetros, siete días, catorce años... siempre llego tarde y no sé bien si la vida me hace esto para que yo enmiende esos retrasos o simplemente me quede, desde la ventana, lamentando lo que no ha podido ser.

¿Qué ha sido esta vez? Pues un autor, aprovechando diciembre.
Descubro, a cuatro años de su muerte, a Kurt Vonnegut...
Y ahora, las noches las mastico entre Pamuk y Vonnegut... y sí, lógico... algo de Medicina para no perder ni el semestre ni la mala costumbre.

Si no han leído a los autores citados, los recomiendo. Son demasiado buenos... Pamuk para atraparte y Vonnegut para sacudirte con fuerza.

Feliz nueva semana, para todos... Yo recibiré la mía desde la cama, aprovechando mi lunes y mi martes de vacación...

miércoles, noviembre 30, 2011

Otro crimen de lesa humanidad

Es miércoles y yo estoy llena de impotencia, de ira, pero vacía de lágrimas de tanto llorar.

Hablo portugués por varias razones, pero una de ellas es porque estudié ese idioma a mitad de mi carrera, durante el semestre "sabático" que me di.
El Instituto de Cultura Brasileño se encargó de enseñarme sobre el idioma pero, además, me hizo abrazar su cultura de un modo profundo.

Cuando estudiaba la geografía de Brasil, recuerdo que también nos dedicamos a la revisión (quizá bastante superficial, pero extensa) sobre los pueblos indígenas brasileños. Y claro que recuerdo al grupo Caiapó... de la zona del Mato Grosso y Pará. Me llamaba la atención la forma de de adornarse el rostro, no por la pintura, sino por la "deformación" del labio inferior.

Sí, mi interés por el pueblo quizá quedó hasta ese punto... hasta hoy, cuando el mundo donde estoy parada, cuando el mundo para el que "debo prepararme" y "trabajar por hacerlo algo mejor", me arruina de repente la poca estabilidad emocional que tengo...

(La fotografía muestra a uno de los líderes Caiapó, llorando, al recibir la noticia...)

La presidente brasileña, Dilma Rouseff, ha aprobado la construcción de la tercera hidroeléctrica más grande del mundo (recordemos que la segunda también está en Brasil).
La creación de esta obra, implica la destrucción de poco más de 400.000 hectáreas de territorio amazónico, el compromiso de los ríos cercanos al proyecto y, el dato que más pesa: la tortura directa a más de 40.000 indígenas del sector.
Tortura, sí, porque quitar tierras y privar de agua es, para mí, una tortura.

(Yo creí estar ya bastante corta de emociones... Muchas veces, cuando converso con la gente, les digo que ya solo me indigno cuando escucho noticias relacionadas con abuso sexual y tortura. Ni los asesinatos me afectan tanto como estos dos temas...)

Dormí toda la tarde. No han sido los mejores días en la facultad y no tengo tiempo para tratar de despejar la mente y equilibrar mi vida huyendo de la Medicina.
Hoy, hoy tenía un momento para enterarme de lo que ha pasado en el mundo mientras yo he pasado encerrada en los libros de neurología... y me topo con esto.

No puedo describir mi situación con otras palabras que no sean "se me desgarró algo por dentro" y "apenas vi la fotografía empecé a llorar y hasta este momento no he parado".

Me duele, me duele, aunque no lo parezca, me duele demasiado pensar que tanta civilización de mierda no sea capaz de alcanzar sus objetivos de una manera un poco más justa, menos criminal.

Nunca creí que existiese un jodido dios de nada y me reafirmo en eso. Si hubiese una "fuerza" o "dios" o algo, sucesos tan lamentables como el que menciono hoy no existirían.
El ser humano es la única mierda que sigue controlando todo lo que "es suyo"... y no va a respetar la vida, no va a respetar nada...

40.000 personas que no le hacen ningún daño a nadie, grupos humanos que SÍ viven en completa armonía con el pedazo de tierra donde se asentaron... selva que no debería estar pagando con muerte su riqueza...


El link: un video sobre ese hombre que ven llorar en la fotografía, hablando hace algunos meses sobre su esperanza de detener el proyecto hidroeléctrico... (Hidroeléctrica de energía limpia y renovable... ¿en serio, montón de imbéciles, en serio?)

Maldigo el mundo en el que estoy...

lunes, noviembre 21, 2011

Dicotomía cruenta (Oliverio Girondo)

Dicotomía incruenta
Oliverio Girondo

Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.

Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.

Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.

Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.



Con el tiempo ajustado, como la piel, a una realidad delgada.
Pero dejo el poema, que lleva ese y otros tantos sabores...
Digo yo, cualquiera podía decirle "sí, Oliverio"

Abrazos

miércoles, noviembre 02, 2011

La despedida de otro octubre que salió goteando su paso por la tierra.



Como todos los años: espero demasiado y como viene, se va.

Otro octubre donde me siento bien, donde todo sale misteriosamente bien, donde la poesía está durmiendo en mi sofá junto a las dos gatas, donde el estrés está enredado con los hilos de mi paciencia y donde, definitivamente, estuve más completa que de costumbre.
No necesariamente me gusta Octubre por ser el que recuerda mi nacimiento, en realidad es mi gusto por el otoño, aunque aquí no exista uno.

La fotografía que coloco es el volcán Cotopaxi, el símbolo de todas mis mañanas... Desde mi ventana lo veo, camino a la ciudad lo veo, regresando a casa lo veo...
Y estuve allí, el 16 de octubre de este año, congelándome un poco, respirando con dificultad, pero feliz.
Siempre he soñado con poder verlo erupcionar; sueño algo macabro, sí, pero no muy lejano tampoco.

Octubre sin demasiados cambios de clima ni de ánimo.

He terminado ya con Gineco-Obstetricia y me restan 6 semanas más para terminar Medicina General. Un par de años de prácticas y tendré, por fin, el título... y de ahí, armar maletas y salir en busca de mi especialización. La Siquiatría es apasionante, pero eso de cortar y suturar no me parece desagradable tampoco... bah, falta aún para dar la definitiva.

Octubre lleno de golosinas y mi Vanessa a quien hace 5 años no veía, acompañándome en Octubre. Como hace tanto, como aquellos días en Bélgica, como los viajes por Europa, como los trenes y los desayunos de azúcar y cerveza.

Tuve la grata dicha de tenerla en mi casa como el mejor regalo de cumpleaños que se pueda imaginar alguien.


















Octubre salió despacio, goteando su despedida, cerrando la puerta y sin dejar nota. Sé que volverá y que volveré a él. Solo estamos a otro calendario de distancia.









Un abrazo desde Noviembre, empiezo bostezando y con la calma, la sencilla calma, que me puede dar un feriado de cinco días para descansar...


(Fotografía de sol: Vanessa y yo en Stockholm hace 5 años)
(Fotografía en el Cotopaxi: Vanessa y yo, 5 años después)

domingo, octubre 30, 2011

Mejorando el vocabulario

Mamihlapinatapai

Mamihlapinatapai es una palabra del idioma de los indígenas yámanas de Tierra del Fuego, listada en el Libro Guinness de los Récords como la "palabra más concisa del mundo".

La palabra describe "una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambos desean pero que ninguno se anima a iniciar"

martes, octubre 04, 2011

Octubre y la sandía (divagaciones en MI interior... o en MI Bemol)


(La primera fotografía fue tomada en septiembre, a finales... me pregunto si eso fue lo que motivó a Martina... ¿Quién es Martina? ¿Qué hizo? La explicación está más abajo pero no todas las respuestas)
Me considero una persona de inviernos y eso que en mi país solo caben dos estaciones ajustadas muchas veces en un mismo día. Pero, contra todo pronóstico, seguimos teniendo dos estaciones "marcadas"... (a lo largo del año podemos tener dos inviernos y tres veranos sin que esto signifique que para el siguiente las cosas se mantendrán)

El invierno equivale a los días con predominio lluvioso. Abril es un gran mes para las lluvias pero octubre también lo es. Y vaya que me gusta octubre.

Despertar con el cielo completamente nublado, salir de casa con la nariz completamente fría (no, aquí nunca tenemos temperaturas bajo cero), tomar el autobús y mirar desde allí como, a medida que asciendo a la ciudad (porque vivo en un valle), la neblina se vuelve menos densa y el cielo aparece más oscuro.
Los hospitales en este momento de mi vida ya no son un lugar de culto, ahora son un lugar de trabajo, de aprendizaje diario, de estrés... Y, sinceramente, no hay nada que me guste menos que la falta de emociones... Los hospitales ya no son ni alegres, ni tristes, ni aburridos... ahora solo son un lugar que me contiene y me retiene, un escenario sórdido donde mi mejor actuación es la del cuerpo con mandil y en silencio.

Octubre.

Hablaba de octubre porque amo este mes. Así como los jueves son días jodidamente inexplicables, los octubres son meses en que tengo una paz interna increíble y me la paso de buen humor la mayor parte del tiempo. Es más, incluso me atrevo a pensar que cuando muera será un octubre el que tenga que lidiar con mi existencia en suspensión.

Octubre y la locura. Octubre y la sandía.

Cuando tienes un alma gemela, lo notas de inmediato. Pero yo tengo demasiadas almas gemelas, como una repartición injusta y hermosa.
Aquí en Ecuador, allá en Argentina, de paso por Colombia y a futuro en Italia, del otro lado del continente, en otro continente y cerca del mar... hay muchos nombres que merecen la mención pero sobre todo, el amor que les tengo.
Y todo esto lo escribo mientras observo la rodaja de sandía que tengo a un lado de mi escritorio.

¿Cómo llegó a mí una sandía?


Martina. Así se llama la culpable de mis manías más intensas y el humor ingenioso. La amo. A ella y a la sandía que me regaló.
Estaba en la biblioteca y ella debía llegar a la universidad en cualquier momento. Decidí enviarle un mensaje de texto pidiendo a gritos que me trajera algún dulce... cuando llegó, en una funda plástica negra, vino una sandía de al menos unos 3 kilos.
"Me dijiste algo dulce". Esa fue su respuesta.

Y es que en mi país tenemos todos los climas en un solo día, lo que implica necesariamente que tenemos todas las frutas durante todo el año.

Es delicioso, sí, sentir cómo la lluvia inunda la soledad de mi barrio, la lujuria de los volcanes... y oler la carne roja y tierna, pero sobre todo, tropical, a dos palmos de distancia.

Una sandía en octubre... y el clima hipertímico, para variar.


PD: Hace tiempo que no leo los blogs amigos. Pero prometo, firmemente, que en cuanto me acurruque completamente en octubre, me dedicaré a pasear por donde cada uno de ustedes está.

Abrazos y besos mojados para todos

martes, septiembre 27, 2011

Novedades musicales en Quitolandia

Semana pasada: dos grandes de la música.
Hoy: una descarga de cansancio que me hará poner preposiciones y adjetivos en lugar errados... veamos cómo me va.

Semana pasada (Miércoles): Fernando Delgadillo en Quito. Con invitaciones. Invitaciones agotadas. Conseguí las que necesitaba gracias a una poca de influencia y muchas, muchas, muchas ganas de hacerlo.
Personalmente, soy una adicta a la "canción informal" y nunca creí que iba a pasarme, pero ahí me tenían, como un trapo en el asiento, llorando en la parte final de "Julieta". Digo, no es que me guste tanto la canción, pero la voz de Delgadillo, sus acordes en vivo, la magia del lugar, hicieron que se me quiebre la garganta y se desborde todo lo que podía ser líquido en mí, en ese momento.
Canciones nuevas, canciones viejas... luego otra vez yo gritando por escuchar "Tu Prisa"... en buena hora la cantó.
Dos horas de concierto pero me queda toda una vida para ser feliz recordándolo.

Semana pasada (Sábado): Concierto de Pedro Guerra. El primer concierto que el canario daba en mi país. Canciones viejas, sobre todo las más conocidas... Y vaya calidad de ser humano, tan sencillo, tan carismático... Creo que lo más impresionante de la noche fue cuando nos dijo: "Mi padre escuchaba bastante música latinoamericana... y yo, ayer, me enteré que una canción que la escuché durante toda mi infancia, resultó ser ecuatoriana"... Y nos salió con la "Vasija de Barro" para contento de la audiencia.
Basta con decir: PALCO SEIS + EXCESOS DE EUFORIA


En las noticias locales y avisos parroquiales, estamos de vuelta a la Ginecología (no Obstetricia, gracias).
Quirófano de Emergencias del hospital público más importante de la ciudad... trepanos, correciones óseas. Fentanilos... muchos fentanilos, remifentanilos, efedrinas, epinefrinas, catlones, muchos catlones... sangre aquí, sangre allá... llenar papeles de anestesiología, aprender a llenar esos papeles... errar, errar y seguir errando.
A la final, uno aprende después de tanto...
Siguientes semanas serán en el hospital oncológico y el CETS (Centro de Enfermedades de Transmisión Sexual)... Y Paptest a millares surgir... Antibióticos, muchos imidazoles...

¿Han notado lo bonito que suena "imidazol"?... Me hacen pensar en tabletas parecidas al amanecer...

Bueno, pues eso... No tengo más tiempo de nada que no sea dejar abrazos por escrito para quienes suelen pasar por aquí.
Septiembre va menguando y llega, por fin, mi mes favorito... Aunque no tenga otoños esta ciudad, Octubre llegará con lluvias y con lluvias llegará mi tranquilidad, mi alegría... Me gusta el gris, me gusta la humedad y me gusta, sobre todo, el frío andino que recorre por aquí.

LaBelén de todas las direcciones

viernes, septiembre 09, 2011

Viernes con sabor a fracaso // Fotografía: Ella, Gaviota


Mi banda sonora de este viernes ha sido producida por Joaquín Sabina.

De entre las cosas más llamativas resalto hoy que me topé al azar, en la calle, con un libro olvidado. No me imaginaba que fuese Oliverio Girondo el autor de esas páginas, ni que se abriera el libro en su relato del Jueves Santo.

No sé bien si estoy febril o post-traumática, si llevo intoxicación de amores o de nicotina, no lo sé. A lo mejor es solo mi padecimiento de los jueves: los que fueron en los que fui, los que fueron sin mí y los que van a ser conmigo aunque no pueda estar en todos ellos.

Apenas bajé del autobús encendí un tabaco y tomé la misma ruta que tomo para volver a casa desde hace más de 15 años.

No sé bien si hoy tengo excesos de filosofía o alguna enfermedad del DSM-4.

El anciano con el que evito cruzarme en la calle de mi casa pasa golpeando las flores de mi entrada con un palo seco. Y entiendo su enojo, su frustración, su impotencia.

Llegar a una casa donde solo me esperan recuerdos es casi tan dulce como la llovizna de septiembre en mi país.

Las flores siguen y seguirán floreciendo aunque ella no esté aquí. Llegará diciembre y ella volverá, pero hoy no está y yo quisiera no estar tampoco.
Sí, seguiré mirando como la vida pasa del otro lado de mi historia, haciendo acrobacias mientras estoy rendida, jodidamente cansanda, jodidamente gris.

Absurda como mis ojos, desorientada como mis manos, silente y apresurada, paranoica (si cabe la palabra en mi telegrama mental)

No lo sé. Alguien olvidó a Oliverio Girondo en la calle y yo, yo me he olvidado hoy un poco de mí.

sábado, agosto 06, 2011

Vamos fugir // f: mi habitación una tarde de verano...



Mi cigarro acaba de caer en el agua donde limpio mis pinceles.

Menudo tino. Por suerte tengo la vida llena de acrílicos y polvo.

La tarde desde mi ventana es un verano perfecto. Siendo agosto, recuerdo que hace años atrás estaba yo tomando un avión sin destino cierto... Y hoy, en este agosto, me entra el hambre después de haber perdido mi tabaco... ¿la sorpresa?
La sorpresa es que al bajar a la cocina por una manzana encontré una del tipo "Pink Lady" que era el único tipo de manzanas en las que yo confiaba cuando estaba en el coeur de Liège tratando de sobrevivir el invierno.

Y todo se acomoda en mi ventana así como se fue acomodando de a poco mi vida... Entre libros, canciones y tardes azules como hoy.

Suena desde mis parlantes Skank, la banda brasileña...

"Vamos fugir! Pr'outro lugar, baby...
Vamos fugir, pr'onde quer que você vá que você me carregue...
Pois diga que irá
Irajá, Irajá
Prá onde eu só veja você
Você veja a mim só
Marajó, Marajó
Qualquer outro lugar comum
Outro lugar qualquer...
Guaporé, Guaporé
Qualquer outro lugar ao sol
Outro lugar ao sul
Céu azul, Céu azul
Onde haja só meu corpo nu

Junto ao seu corpo nu..."

No tengo mucho más que decir ni quisiera tampoco agregarle nada a las imágenes que dejo aquí y que son el recordatorio y el retrato perfecto de estos casi 23 años transitando por la ruta de lo imposible...

Ser feliz siempre ha sido posible...
Con tabaco o sin él, con manzanas, con tardes de verano y con la boca llena de costumbres y sueños...


Un abrazo fuerte para todos los que alguna vez cruzaron conmigo

domingo, julio 24, 2011

Dentro de poco alguien entrará a mi habitación y apagará la luz


No sé, pensé que iba a ser fácil obviar que existes y que me faltas

o que por lo menos iba a ignorar

la silueta que reproducen mis sueños

y que aunque no tenga rostro

eres tú porque soy necia y así lo creo.


Habitación para uno – le dije –

y cometió el error de darme dos almohadas.



Será que se me nota la tristeza

o será que arrastro demasiada nostalgia en los acentos.

A lo mejor es una de nuestras soledades

cobrando por adelantado un cuarto de hotel

imaginando que lejos de nosotros

no tendría que soportarnos.



Me lanzo de espaldas contra la pared

y retumba el mundo.

Me echo contra la cama

y parece que el olvido estuviera bostezando

desde este adjetivo que alcanza para nombrarte

pero no creo que sea tu mejor definición.



Vamos, un tabaco y a dormir.

Mentira.



Siempre que empiezo a fumar se me prolongan los versos

como a vos las erecciones

y aunque podamos presumir que le ganamos al tiempo

ambos sabemos que duele.



Y sé que se me van a correr las horas y el maquillaje;

una estúpida lágrima más y se me corre la tinta también

(Mientras no corra sangre…)



Mierda.

¿Es que acaso no puedo quedarme tranquila?

Tengo la sensación de que en cualquier momento

vas a llamar – a la puerta o al teléfono –

y voy a contestar

sin saber que ya sabía que me buscabas.



Van quince tabacos y ya es cuarto para la una.



Seguro que la media noche se me escapó

cuando la chica del escote azul que está

a siete pisos de distancia

estornudó pronunciando algún recuerdo.



Y entonces contemplo la ventana

y me veo superpuesta en la ciudad que está lejos y está muerta.



Y pienso en todo lo que odias mirarte,

en tu manía por evadirte,

en la absurda forma con que te desprecias frente a todos los espejos

por los que transita tu sombra.



A veces temo que te llegues a odiar tanto

que acabes por perdonarte el seguir conmigo

compartiendo culpas.

Belén J.

sábado, julio 09, 2011

Hasta la próxima, Facundo!

Ya lo decía George Carlin: la raza humana no está lista para la paz, sino me creen, miren que todas las personas que vinieron a predicar paz y un mundo mejor, que vinieron a hablar de alegría y felicidad, todos fueron asesinados.

Y así sucedió como un juego de balas nos arrancó del mundo a Facundo Cabral. ¿Quién más que ese hombre podía tener tanta fe en este mundo de mierda? Solo él... y murió a manos de la violencia contra la que protestaba, puta ironía de la vida, en Boulevard Liberación.

Sicariato o accidente, lo único cierto es que esa garganta ya no canta más para nosotros...

Donde sea que esté ahora, si a la derecha de ese Dios en el que Facundo creía o reposando su esencia en cualquier pedazo de Universo que desconocemos...

Hasta siempre, hasta la próxima... hasta el "au revoir" de los francófonos, hasta el "até" de la lengua portuguesa... hasta siempre Cabral...


EL DÍA QUE YO ME VAYA

Facundo Cabral

Cuando el Universo me abandone
y el viento desgaste mis manos,
y abrevie mis pasos,
cuando el sol esté ausente del cielo
y no me alcance el día.
Cuando el mundo no me proteja del vacío,
cuando el todo se aleje y se confunda en la nada,
cuando en la noche se refleje mi antigua duda
y ya no vea en ella mis ojos,
entonces, cambiaré mi torpe cuerpo
por las alas con las que entraré
en la mañana del despertar eterno,
más allá de los sucesos momentáneos.


Extasiado por las sutiles y vagas nubes
donde se repetirá la tenue luz que es la vida,
a quien sabré de misterio entero
para poder escribir, por fin, el poema.
Porque eso es la vida,
un constante tejer y destejer
de vagas sombras,
sin más sentido que la belleza.


La vieja luna de oriente
y las campanas de Lorca,
la llamarada de Whitman
y la belga de Mallorca.
El sol, el amado sol
que enciende toda la vida,
esa fiesta permanente
por la que mi alma camina.
El espíritu extasiado
y la gloria de los días,
la salud de Dinamarca
y el encanto de Turquía.
Una idea que armoniza
con tantas otras ideas,
dos hermanos en Tandil
un abuelo en Galilea.
Una madre que me espera
y un padre que no conozco,
Nueva York cuando la nieve
y México cuando Rosco.
Una milonga sureña
un par de botas tejanas,
una esperanza infinita
y una flor en la ventana.
Una canción inconclusa
y un jorongo mexicano,
amores en todo el mundo
y nada preso en la mano.
Un amigo en el desierto
y un maestro en la montaña,
la libertad más hermosa
y la idea más extraña.
Esas cosas dejaré
el día que yo me vaya,
querida perdóname
si a ti no te dejo nada.
Una cerveza en Holanda
un pintor en Salamanca,
una hoguera junto al nido,
un poema en Casablanca.
Una pregunta en el aire
y una respuesta en el alma,
las noches en el mar Rojo,
y los veranos de España.
La voluntad y el delirio,
una vieja gorra griega
un turbante del Neguel,
dos máscaras, una quena.
Esas cosas dejaré
el día que yo me vaya,
querida perdóname
si a ti no te dejo nada.
La lluvia sobre Marruecos,
en el bolso, pan y queso,
y la Biblia liberando
a mis sueños y a mis huesos.
La locura satisfecha
y la conciencia tranquila,
los temores que perdí
en París o Alejandría.
Amo y señor de mí mismo
sin bandera y sin espada,
al viento devolveré
las maravillas prestadas.
Las alegrías de ser
y hacer lo que uno ama,
querida perdóname,
si a ti no te dejo nada.