Todo el caos que desato a diario. Una nueva perspectiva. El mundo se comprime en versos... Locura, magia y poesía.
sábado, noviembre 03, 2012
18 octubre - 2012
Sin embargo, ayer me di cuenta de los niveles de sorpresa que puedo manejar, de aquellos que no logro exteriorizar y de cómo me termina afectando, todos los días, la vida y la muerte a las que enfrento y con las que convivo.
Algo tan simple como cancelar la orden de tu pedido en el restaurante antes de salir corriendo, me parece lo más adecuado, educado y lógico. Sin embargo, no pude hacer esa conexión mental ayer y fue Martina quien me puso algo de orden a la tarde.
Era medio día, me habían anticipado mis familiares que mi tío abuelo había sufrido un infarto cardiaco y que estaba camino al hospital donde yo trabajo.
Me dijeron que estaba estable y que ellos llegarían en lo que bordeaban los veinte minutos. No me preocupé y es por eso que decidí salir a almorzar.
Antes de comer, recibí la llamada de mi madre diciendo que no era un infarto, que había sido un aneurisma y que debía yo volver al hospital, a la unidad de críticos.
Realmente no tuve taquicardia, ni respiración agitada, no temblé, no gesticulé, pero tampoco estaba pensando claro. Martina me dijo: dale, cancelamos la orden y te acompaño. Aunque asentí con la cabeza, no estaba comprendiendo de qué se trataba todo hasta hoy al despertar.
Llegué a la unidad de críticos, entré sola porque estaba con el uniforme y el mandil, así que me abrí paso entre todas las barreras de seguridad y bioseguridad que existen en el sitio. Al llegar, me topé con una imagen que me es familiar, que me es cotidiana: un paciente desnudo, cubierto por esa horrible prenda azul que disimula la piel, con una cobija verde, conectado a un aparato que muestra los signos vitales. A su lado, dos mujeres llorando y mirándome a los ojos como si yo pudiese en algo revertir la situación. Aquellas mujeres son mi tía abuela y mi prima, mismas que sujetaban con fuerza las manos del cadáver que resultaba ser mi tío.
"Enrique, ya vamos a la casa" le decía con verdadera angustia mi tía Fabiola, sin poder contener las lágrimas.
"Papito, papito querido, todo va a estar bien. Despierta papito, ¿quién le va a ir a ver a la Fabiana?" así le decía mi prima, refiriéndose a la nieta de mi frío, pálido, tío Enrique.
Lo vi, miré sus ojos y supe que tenía ya muerte cerebral. Si había aún latidos cardiacos eran los residuales, los últimos que da el corazón antes de que se le agote la energía. Y miré el electrocardiograma, y vi esa estúpida ST en supradesnivel... y vi como iba empeorando, como empezaban las fibrilaciones y como finalmente se detenía la vida frente a mis ojos una vez más.
Hice salir a mis familiares y el médico que recibió a mi tío me contó que todo había sucedido de forma demasiado rápida. " El paciente refirió que un primer dolor empezó a la madrugada y un segundo le llegó más tarde cuando fue a la farmacia a comprar algo para un supuesto dolor abdominal. Yo creo que fue un aneurisma, pero eso solo lo sabremos si hacemos la autopsia, Doctorita"
Lo miré casi sonriendo porque me causa todavía gracia que crean que estoy ya graduada. Sin embargo, le dije que dudaba mucho que los familiares quisieran autopsia y que, además, yo era sobrina del fallecido.
"Revísale abdomen" me dijo "hay una masa ahí que todavía debe estar palpitando".
Durante mis años de carrera, he desvestido y vestido a muchos cadáveres, a una cantidad abismal de cuerpos que mueren por miles de causas distintas. Siempre guardo el mismo respeto para todos, incluso ayer, cuando tuve que ver el cuerpo desnudo de mi tío y constatar haciendo maniobras y presionando por todo lado, que había una masa a nivel abdominal que no era compatible sino con un diagnóstico como el que el médico Carlos Flores tenía ya pensada como causa de muerte.
"Se le accidentó el aneurisma. Se le cortó la aorta" Me puse a pensar en los libros, en la fisiopatología de las cosas, en la génesis de los problemas, en la carga hereditaria que un aneurisma tiene, en la clínica manifiesta. Le agradecí a Carlos y salí a ver a mi familia que lloraba desconsoladamente afuera del área de críticos.
"Tú y el Favio tienen que hacerse una tomografía contrastada para ver si no tienen el mismo aneurisma". Eso le dije a Soledad, mi prima, que no estaba aquí ni en ninguna parte.
El día sábado iba su pareja a pedir su mano y mi tío estaba tan contento que para hoy tenía planeado ir a comprarse un traje nuevo y el champagne.
En realidad no sé si lo que duele es la vida o la muerte, no sé qué me indigna más al final de cuentas...
Luego, a consolar a todos los que iban llegando... y yo, que no tengo más poder que el de cualquier trabajador de salud en el hospital, me di el trabajo de ubicar a mi familia dentro del hospital, haciendo que pasen a zonas donde normalmente no es permitido el paso y llevando a mi tío a la morgue.
Tuve que hacer el papeleo, averiguar cómo diablos conseguir un acta de defunción, qué criterios debía tener el acta, cómo llenarla, qué otros trámites más pide la burocracia para legalmente poderse llevar uno el cuerpo de un ser querido, de un familiar... de otro cadáver más en la memoria de mis años de estudio.
Tengo esa dicotomía extraña... el 50% exacto de mí sentía pena por perder al hombre que catalogué como "el que sabía todo de las plantas y la geografía y al que seguían los animales y niños". Pero el otro 50% se sentía trabajando, analizando las causas de muerte, lo que debía seguir a esto, buscar cómo ayudar a la familia del muerto, agilitar el proceso, buscar quien formolice el cuerpo, conseguir las autorizaciones pertinentes tanto para el ingreso a la morgue como para la salida del cuerpo en el ataúd.
Mientras corría de un lado a otro, explicaba a todos qué era un aneurisma y porqué no hubo (en teoría) nada qué hacer, entre que perdí el hambre y me empezaba a indigestar de ansiedad y frío, mientras todo sucedía, deseaba que mi casi-esposo estuviese conmigo.
Hubiera querido que mi Carlos esté ahí, para darme un abrazo, para acompañarme en ese instante de inseguridad mental que tuve, de desconocimiento de todo.
Además, sentirlo es confirmar que mi vida a su lado es posible y que si me muero, habré tenido razones más que buenas para haber vivido.
Y pude ver, sí, que a pesar de todo, mi tío murió feliz, tranquilo, dejando todos los pendientes que un padre puede resolver en la vida... hizo todo lo que debía y vivió fantásticamente.
Vivían en Machachi, una zona rural cercana a Quito donde todo el tiempo se cultiva todo lo que uno desee. El clima es frío, pero la tierra es fértil gracias a las erupciones volcánicas que caracterizan a mi zona sierra del país.
Fumó al menos unos 50 años, más de veinte tabacos al día y tenía los pulmones en mejor condición que yo que solo fumo uno o dos al mes. Nunca tuvo infecciones a nada, en 79 años de vida recién cumplidos una sola vez tuvo una crisis de "gota" y jamás conocíó las infecciones urinarias ni las gripes devastadoras.
Un tipo sano, jodidamente sano, que se valía por sí mismo, que trepaba árboles y bajaba orquídeas para su mujer que es gran coleccionadora de las mismas. Un tipo que todos los días desde hace más de 40 años, le preparó a su mujer el desayuno y se lo llevó a la cama, que siempre hizo lo mismo con sus dos hijos, que nos llevaba en las noches papas fritas y a la mañana chocolate con leche y pan recién horneado.
Estaba más sano que cualquiera de nosotros... pero nunca supimos del aneurisma.
Al caer la tarde, tras seis horas de yo ir corriendo por todo lado y mirando la agonía en el rostro de todos, me senté un momento a abrazar a mi mochila y mirar a mi alrededor.
No me sentía parte del grupo pero podía sentir su dolor.
Cada uno de los presentes comentaba su versión de las cosas, las últimas palabras que oyeron del tío Enrique, del "Ñaño", de don Quique, del tío Djica, del ahora "pobre viejo" y "papito amado".
Subí un momento a la sala de críticos donde había estado mi tío y me llené con esa sensación que solo el médico puede usar para sentirse mejor. En el cubículo donde horas atrás arrancaron las agujas del cadáver de mi pariente, ahora estaba una señora, entrada en años, a quien estaban por darle el alta y enviar a su casa.
La vida llena los lugares que va dejando la muerte. Pero la muerte llena los lugares que los vivos pierden cuando un ser al que aman se va.
Creo que a la larga, la muerte va ganando... pero es la vida que tuvimos, los momentos que regalamos, las cosas que hicimos, las que hacen que haber muerto haya valido la pena de todos.
Desde luego, como toda buena familia de los Andes, no podían faltar los relatos mágicos asociados al tema... y yo, que siempre prefiero evitarme esas situaciones que pueden fragmentarme el pensamiento y llevarme a recaídas de mi enfermedad, tuve que escuchar lo que prefiero dejar solo por escrito y no opinar más allá de lo necesario.
Mi prima, apoyada contra una pared helada de la morgue, me dijo: "sabía que algo iba a pasar. Ayer se murió el gato, con derrame cerebral".
Desde luego, no quise indagar más, pero ella siguió... "El gato que nos regalaste, el Inocencio, ayer se murió en la casa y el Enrique le llevó al veterinario para que vean de qué se murió. Cuando le abrieron, dijo el veterinario que fue derrame cerebral y que quizá fue un aneurisma".
Mi tío siempre estuvo al tanto de los animales así como ellos de él. No conocí ningún animal, de ninguna especie, que no se le acercase... las palomas iban a verlo, los mirlos le picoteaban la ventana de la cocina para pedirle comida, los gatos le seguían a todas partes y aparecían de la nada cuando escuchaban su voz, los perros le seguían...
Yo no sé con qué formas maquina la energía y el universo, pero sí creo que aquella vieja tradición nuestra, de curar enfermedades usando a los cuyes (conocidos como cobayas o conejillos de Indias) porque el "animal absorbe las enfermedades", quizá, y solo quizá, tengan una explicación.
Y así, octubre empezó a dejarme amargos momentos que yo no sabía iba a ser capaz de soportar...
domingo, octubre 21, 2012
Otro pedacito de mi libro "Confesiones de mi compulsión"
No. Él no entiende mi silencio ni mis frases entrecortadas. Tampoco es capaz de entender mi llanto.
Él existe para él, para sus obsesiones... él existe en la medida en que es juzgado por su propia cabeza y en la demanda que le sigue a ese mero hecho de creer que existir significa estar físicamente.
En lo que a mí respecta, él no ha estado nunca conmigo y dudo, de verdad dudo, que un día sea capaz de conseguirlo..."
sábado, septiembre 22, 2012
De regreso // fotos by Me
| La iglesia de San Francisco de Quito, un día cualquiera, una noche cualquiera. |
Han pasado muchos meses desde que dejé de escribir aquí. Desde luego que muchas sucedieron desde entonces, pero solo vale mencionar aquellas que más cambiaron el curso de mis días.
Empecé a recibir terapia farmacológica porque empecé a ir al siquiatra. El trabajo en el que me encuentro no es precisamente el más placentero ni relajante de la vida... La vida de médico enloquece y si le agregamos la pizca de locura innata... podría mentir diciendo que iba a buscar un suicidio, pero no lo haré. Hace unos seis meses entré en crisis depresiva y básicamente una cosa llevo a la otra y en estos momentos estoy tratando de controlar mi bipolaridad. Ya sabía que era bipolar, pero siempre me rehusé a la medicación.
| "Mis primeros sicotrópicos" |
Lo que está por venir aún es una incógnita respecto a lo que podría llamarse "mi salud mental" pero lo cierto es que me amo tal cual soy... y mi personalidad extrema no ha sido causa de disfunciones en mi vida cotidiana nunca... no sé aún si seguir o no "durmiendo" con las pastillas... si debo o no dejarme ser el animalito con serotonina alterada o una mujer promedio, con carácter promedio, con sentimientos promedio...
De todas formas, fue interesante sentir lo que para algunos es la "normalidad"...
Por otro lado, tras seis años de relación, mi enaquelentoncespareja y yo hemos terminado. Más bien, lo dejé. No sé si fuera efecto de la medicación pues lo hice en esa temporada de adaptación o el peso de las mentiras que le dije durante tanto tiempo, o la mezcla de ambas... pero lo dejé porque no podía más callarme las cosas que le hice.
¿Lo amé? Desde luego que sí... pero también suelo ser una vengativa de mierda que no sabe del todo perdonar las mentiras... Y cargué con eso durante 6 años más crisis de hipomanía y depresiones alternadas.
(Ahora mismo recuerdo alguna tarde, de su mano, comprando galletas en una panadería, mientras en mi ciudad llovía levemente... en serio que éramos felices...)
Las cosas salidas de control suelen descarriar universos. Decidí contarle la verdad respecto a todo y aunque intentamos mantener una relación amistosa, no duró más de una semana el intento y ya nunca volveremos a saber de la vida del otro. Me lo pidió, me pidió que no volviera a merodear en su vida y se lo voy a cumplir pues es lo menos que merece.
Y sí, es médico, joven... y aspira como yo a alcanzar algo en esta profesión que tenemos.
Se le ocurrió darme un anillo al poco tiempo de empezar a establecer nuestra relación... tenemos un compromiso, de algún tipo, con algún fin... un compromiso al fin y al cabo.
Por ahora solo sé que me siento bien a su lado, que me siento completa y que he empezado una nueva relación completamente sincera...
(15-12-2012:completamente sincera de mi parte...)
¿Literatura? ¿Arte? He tenido que dejar todo eso porque regresé a la vida de hospital... Y ahora estoy trabajado en el Hospital de referencia de mi país... Es decir, el hospital de especialidades más importante que tenemos...
Los horarios son terribles, el trabajo es pesado, la vida transcurre por fuera de ese lugar...
No puedo extenderme, porque no quiero y porque no puedo...
martes, abril 10, 2012
Procrastinare humanum est

Descubrí que no me gusta fumar sola,
que los días de lluvia sí me deprimen un poco
y que al final mis ganas de estar sin ti
se van, junto a las colillas encendidas,
en los ríos de agua que se ahogan en las alcantarillas de esta ciudad.
Si me preguntasen porqué lo hago, entonces,
tendría que inventarme un pretexto que no fuese evidente
y que resultase del acto tan primitivo
de frotarse las manos y esquivar miradas.
A la derecha.
Siempre.
“porque no le temo a la soledad
ni tengo miedo de encontrarme conmigo misma
a la vuelta de este verso”
Descubrí que me gusta relatar todo en tercera persona,
que me duele mirar el asiento del autobús cuando me bajo,
que tus labios conservan un sabor a distancias
y que, definitivamente, no tengo orientación geográfica ni espacial.
Y si me preguntan porqué estoy a tu lado,
maldita suerte,
tendré que recurrir a la sustitución de mi boca por mentiras,
al café sin azúcar y las galletas de migajas,
tendré que acusarme repetidas veces
hasta encontrar la manera de no tener que morir, necesariamente,
cuando confiese que no lo sé...
jueves, marzo 15, 2012
Bipolaridad en mi estado // foto: Cv, por mí
miércoles, enero 04, 2012
mail (Huilo Ruales) // fotografía tomada de la web: Huilo

por acá, ya lo sabes, tampoco escasean los lunes
domingo, diciembre 04, 2011
Como siempre, tarde // fotografía: Kurt Vonnegut (tomada de algún lado de la red)

miércoles, noviembre 30, 2011
Otro crimen de lesa humanidad

lunes, noviembre 21, 2011
Dicotomía cruenta (Oliverio Girondo)

Abrazos
miércoles, noviembre 02, 2011
La despedida de otro octubre que salió goteando su paso por la tierra.
domingo, octubre 30, 2011
Mejorando el vocabulario
Mamihlapinatapai
Mamihlapinatapai es una palabra del idioma de los indígenas yámanas de Tierra del Fuego, listada en el Libro Guinness de los Récords como la "palabra más concisa del mundo".
La palabra describe "una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambos desean pero que ninguno se anima a iniciar"
martes, octubre 04, 2011
Octubre y la sandía (divagaciones en MI interior... o en MI Bemol)
El invierno equivale a los días con predominio lluvioso. Abril es un gran mes para las lluvias pero octubre también lo es. Y vaya que me gusta octubre.
Aquí en Ecuador, allá en Argentina, de paso por Colombia y a futuro en Italia, del otro lado del continente, en otro continente y cerca del mar... hay muchos nombres que merecen la mención pero sobre todo, el amor que les tengo.
¿Cómo llegó a mí una sandía?
Estaba en la biblioteca y ella debía llegar a la universidad en cualquier momento. Decidí enviarle un mensaje de texto pidiendo a gritos que me trajera algún dulce... cuando llegó, en una funda plástica negra, vino una sandía de al menos unos 3 kilos.
Una sandía en octubre... y el clima hipertímico, para variar.
martes, septiembre 27, 2011
Novedades musicales en Quitolandia
Basta con decir: PALCO SEIS + EXCESOS DE EUFORIA
viernes, septiembre 09, 2011
Viernes con sabor a fracaso // Fotografía: Ella, Gaviota
Mi banda sonora de este viernes ha sido producida por Joaquín Sabina.
sábado, agosto 06, 2011
Vamos fugir // f: mi habitación una tarde de verano...
La tarde desde mi ventana es un verano perfecto. Siendo agosto, recuerdo que hace años atrás estaba yo tomando un avión sin destino cierto... Y hoy, en este agosto, me entra el hambre después de haber perdido mi tabaco... ¿la sorpresa?
Vamos fugir, pr'onde quer que você vá que você me carregue...
Junto ao seu corpo nu..."
Con tabaco o sin él, con manzanas, con tardes de verano y con la boca llena de costumbres y sueños...
domingo, julio 24, 2011
Dentro de poco alguien entrará a mi habitación y apagará la luz
No sé, pensé que iba a ser fácil obviar que existes y que me faltas
o que por lo menos iba a ignorar
la silueta que reproducen mis sueños
y que aunque no tenga rostro
eres tú porque soy necia y así lo creo.
Habitación para uno – le dije –
y cometió el error de darme dos almohadas.
Será que se me nota la tristeza
o será que arrastro demasiada nostalgia en los acentos.
A lo mejor es una de nuestras soledades
cobrando por adelantado un cuarto de hotel
imaginando que lejos de nosotros
no tendría que soportarnos.
Me lanzo de espaldas contra la pared
y retumba el mundo.
Me echo contra la cama
y parece que el olvido estuviera bostezando
desde este adjetivo que alcanza para nombrarte
pero no creo que sea tu mejor definición.
Vamos, un tabaco y a dormir.
Mentira.
Siempre que empiezo a fumar se me prolongan los versos
como a vos las erecciones
y aunque podamos presumir que le ganamos al tiempo
ambos sabemos que duele.
Y sé que se me van a correr las horas y el maquillaje;
una estúpida lágrima más y se me corre la tinta también
(Mientras no corra sangre…)
Mierda.
¿Es que acaso no puedo quedarme tranquila?
Tengo la sensación de que en cualquier momento
vas a llamar – a la puerta o al teléfono –
y voy a contestar
sin saber que ya sabía que me buscabas.
Van quince tabacos y ya es cuarto para la una.
Seguro que la media noche se me escapó
cuando la chica del escote azul que está
a siete pisos de distancia
estornudó pronunciando algún recuerdo.
Y entonces contemplo la ventana
y me veo superpuesta en la ciudad que está lejos y está muerta.
Y pienso en todo lo que odias mirarte,
en tu manía por evadirte,
en la absurda forma con que te desprecias frente a todos los espejos
por los que transita tu sombra.
A veces temo que te llegues a odiar tanto
que acabes por perdonarte el seguir conmigo
sábado, julio 09, 2011
Hasta la próxima, Facundo!
Ya lo decía George Carlin: la raza humana no está lista para la paz, sino me creen, miren que todas las personas que vinieron a predicar paz y un mundo mejor, que vinieron a hablar de alegría y felicidad, todos fueron asesinados.
Y así sucedió como un juego de balas nos arrancó del mundo a Facundo Cabral. ¿Quién más que ese hombre podía tener tanta fe en este mundo de mierda? Solo él... y murió a manos de la violencia contra la que protestaba, puta ironía de la vida, en Boulevard Liberación.
Sicariato o accidente, lo único cierto es que esa garganta ya no canta más para nosotros...
Donde sea que esté ahora, si a la derecha de ese Dios en el que Facundo creía o reposando su esencia en cualquier pedazo de Universo que desconocemos...
Hasta siempre, hasta la próxima... hasta el "au revoir" de los francófonos, hasta el "até" de la lengua portuguesa... hasta siempre Cabral...
EL DÍA QUE YO ME VAYA
Facundo Cabral
Cuando el Universo me abandone
y el viento desgaste mis manos,
y abrevie mis pasos,
cuando el sol esté ausente del cielo
y no me alcance el día.
Cuando el mundo no me proteja del vacío,
cuando el todo se aleje y se confunda en la nada,
cuando en la noche se refleje mi antigua duda
y ya no vea en ella mis ojos,
entonces, cambiaré mi torpe cuerpo
por las alas con las que entraré
en la mañana del despertar eterno,
más allá de los sucesos momentáneos.
Extasiado por las sutiles y vagas nubes
donde se repetirá la tenue luz que es la vida,
a quien sabré de misterio entero
para poder escribir, por fin, el poema.
Porque eso es la vida,
un constante tejer y destejer
de vagas sombras,
sin más sentido que la belleza.
La vieja luna de oriente
y las campanas de Lorca,
la llamarada de Whitman
y la belga de Mallorca.
El sol, el amado sol
que enciende toda la vida,
esa fiesta permanente
por la que mi alma camina.
El espíritu extasiado
y la gloria de los días,
la salud de Dinamarca
y el encanto de Turquía.
Una idea que armoniza
con tantas otras ideas,
dos hermanos en Tandil
un abuelo en Galilea.
Una madre que me espera
y un padre que no conozco,
Nueva York cuando la nieve
y México cuando Rosco.
Una milonga sureña
un par de botas tejanas,
una esperanza infinita
y una flor en la ventana.
Una canción inconclusa
y un jorongo mexicano,
amores en todo el mundo
y nada preso en la mano.
Un amigo en el desierto
y un maestro en la montaña,
la libertad más hermosa
y la idea más extraña.
Esas cosas dejaré
el día que yo me vaya,
querida perdóname
si a ti no te dejo nada.
Una cerveza en Holanda
un pintor en Salamanca,
una hoguera junto al nido,
un poema en Casablanca.
Una pregunta en el aire
y una respuesta en el alma,
las noches en el mar Rojo,
y los veranos de España.
La voluntad y el delirio,
una vieja gorra griega
un turbante del Neguel,
dos máscaras, una quena.
Esas cosas dejaré
el día que yo me vaya,
querida perdóname
si a ti no te dejo nada.
La lluvia sobre Marruecos,
en el bolso, pan y queso,
y la Biblia liberando
a mis sueños y a mis huesos.
La locura satisfecha
y la conciencia tranquila,
los temores que perdí
en París o Alejandría.
Amo y señor de mí mismo
sin bandera y sin espada,
al viento devolveré
las maravillas prestadas.
Las alegrías de ser
y hacer lo que uno ama,
querida perdóname,
si a ti no te dejo nada.