martes, abril 14, 2020

1 / CoVid19

¿DÓNDE ESTABA CUANDO TODO EMPEZÓ?

Era enero. No, era diciembre.
Diciembre de mi último año de especialidad. Diciembre desde el centro de salud. No más rotaciones hospitalarias, solo las guardias (WAR-DIAS... días de guerra).
Recuerdo que miraba por la ventana que da al mar, que da al puerto de Mahón y comentaba que este había sido un invierno raro.
No tuvimos tanto frío como esperábamos, los ánimos de los pacientes eran grises, los motivos de consulta eran fatiga, cansancio, tristeza...
No tuvimos la clásica epidemia de gripe tampoco. No tuvimos tantos muertos como en años anteriores.


Mis planes estaban más o menos establecidos: iría agotando las vacaciones, terminaría mi residencia a finales de mayo, recibiría mi último salario en junio, iría a casa (Ecuador) unas semanas. Volvería para trabajar el verano aquí... 

Hice guardia el 24 de diciembre. No fue una mala guardia. Valoré 17 pacientes. El ambiente en el hospital, tras casi 4 años de trabajar allí, con la misma gente, se convierte en un sitio donde casi-casi podría decir estoy bastante a gusto... 

Era enero.
Ahora sí era enero. Alejo, mi pareja, había planeado para nosotros un viaje a California. Sí, tenemos una debilidad por los U.S.A. y no me da miedo admitir que volveré siempre que pueda...
Era enero y ahí estábamos, en invierno, en la carretera. Un road-trip maravilloso con la mejor compañía del mundo: nosotros dos. San Francisco, Yosemite, Sacramento... Mariposa... todos esos pequeños lugares a los que nos llevaba el GPS.
Fue un viaje especial. Así como es mi vida desde que lo tengo a él a mi lado.


Volví al trabajo. Las ganas de trabajar siempre son bajas cuando regresas de un gran viaje.

La vida del médico de familia, desde el centro de salud, no es demasiado pesada aunque supone sus desafíos. Tengo mi consulta propia, los pacientes a los que voy conociendo y hasta un grupo de entre ellos a los que he terminado por sentir cercanos... No me va mal desde aquí. Tengo un horario bastante bueno, un ambiente laboral que (gracias a que mi tutora es sencilla/complejamente genial) es entretenido... pero algo tenía aquel enero que no terminaba de cuadrar con la costumbre.


"Hay algo en el aire ¿no?" decía mi tutora a días, mirando al mismo puerto de Mahón.
"Sí, los pacientes tienen unos cuadros medio tontos ¿no?" le respondía señalando esos motivos de consulta de "me siento como raro..."




"Ya veremos qué pasa este año" le dije un día, recordándole que durante los años de residencia yo llevaba una racha para eventos inesperados:
1er año: intenté dejar la residencia porque no me sentía a gusto con nada
2do año: mi pareja sufrió un accidente que pudo ser mortal, pero solo le dejó fracturas... y un proceso de recuperación algo largo, pero milagroso pues secuelas quedaron pocas.
3er año: la obligación de terminar la especialidad. Me iba a ir en primer año, pero tras el accidente era obvio que dejarlo todo no era la opción inteligente, así que tercer año fue para recolocarme en vida y agarrar paciencia para continuar.
4to año: amenazaba desde el segundo año con que este era mi año quirúrgico, que terminaría por perder mi apéndice o algo así, para cerrar con broche de oro todas las aventuras de los años pasados...

Era enero. Y le conté a mi tutora que planeaba irme de vacaciones, de nuevo, en febrero... A visitar a mi hermano menor que estaba estudiando Ingeniería de alimentos en Italia... en Bolzano...

CRÓNICAS DEL COVID19


CRÓNICAS DEL COVID19

Hace mucho que no publicaba nada por aquí. Razones eran y siguen siendo muchas las que me mantienen un poco – bastante – alejada de este medio virtual.
Quienes me conocieron, conocen o saben qué hice con mi vida después de todo, sabrán dónde me hallo ahora.
Los que no, pues permítanme hacer una “breve introducción a mi persona”.


Nací en Ecuador, en Quito. Toda mi vida se ha direccionado en la búsqueda de mantener viva mi pasión: el arte. Escribo, pinto, dibujo… no sé si soy buena o no en ello, pero es mi pasión, mi verdadero amor es el arte.


Estudié Medicina (y terminé la carrera a pesar de todas las quejas con que viví esos años). Tuve múltiples intentos de abandonar la carrera, es verdad. En último año, cuando había perdido toda la fe en la naturaleza humana, en mi futura profesión y en general, con todo lo que va vinculado a ello, conocí a un equipo de médicos que hacían Terapia del Dolor y Cuidados Paliativos en el que ahora llamo mi “Hospital Hogar”: el HGM 1 (Hospital General Militar).


Entre la vida militar y las locuras que conlleva el último año como estudiante de medicina, entre haber vivido en la selva durante unos meses en otro hospital militar y todos los desvaríos y aventuras que pueden imaginarse… “terminé por terminar” la carrera.

Mi trabajo final para graduarme (con mi mejor amiga, Martina) fue sobre la morfina… y luego vino el salto de continente.

Me decidí por Medicina de Familia en España (porque era uno de los requisitos para estudiar a posteriori Cuidados Paliativos).

Viví en Madrid un año mientras me preparaba para el examen de especialidad en este país y, tras conocer a mi contraparte (mi pareja, Alejo) vinimos a vivir en Menorca, uno de los pequeños encantos que tienen las Islas Baleares… 


En pleno Mediterráneo y viviendo frente al mar (yo que soy de montañas y selva y jamás me gustaron las playas ni el calor…) estoy apunto de terminar mi especialidad.



¿Qué cambió, entonces, respecto a los planes de vida que tenía?

- Que no sabía que Medicina de Familia, en España, era sinónimo de Urgencias también. Este país por curioso/lamentable que resulte, no tiene reconocida la especialidad de Urgencias como tal, así que somos los médicos de familia quienes ejercemos en esa trinchera. Yo, que me juré jamás volver a poner un pie en urgencias… Aquí me tienen, haciendo mis guardias exclusivamente en Urgencias hospitalarias (aunque también tengo la opción de hacerlas en centro de salud… pero así soy, una contradicción en mí misma).



- Cuidados Paliativos dejó de ser mi principal objetivo y durante una temporada consideré hacer el masterado en Acupuntura y medicina tradicional china.

- Yo, que juré nunca más volver a presentarme a un examen de oposiciones… ahora retomo la idea de presentarme para una segunda especialidad.

¿Y en medio de todo esto? Una pandemia viral...


¿Por qué he decidido retomar el blog?

Pues recordé que este medio era mi "diario"... que aunque tenía un diario que llenaba a mano (cosa que tampoco hago ya) esto del BLOG me supuso en más de una ocasión gratos encuentros y reencuentros con gente, ideas, locuras, en medio de la "revolución social" en que vivimos... 

Este espacio era mi sitio, mi trocito de libertad digital... así que, mientras me duren las ganas, contaré como es que estoy viviendo, en primera línea, esto que parece un día de los inocentes perpetuo..

Señoras y señores, Jaramillo desde acá.

martes, enero 01, 2019

2019



Al final de cada año suelo hacer un balance de las cosas que sucedieron, de las que logré y las que no alcancé, de lo que fui y quise ser, de lo que pude intentar y de lo que definitivamente no debí dejar que suceda. Cada fin de año se me llena el vaso de la nostalgia con unas cuantas lágrimas, y una vez que se llena el vaso, puedo mirar el reflejo de mi rostro cargando con sonrisas también. Al final, soy una suerte de equilibrio que continúa analizando su vida para no justificar ninguna muerte.

Este año que ha pasado ya, esa página que gira sobre el calendario, ha sido un año lleno de momentos importantes e inesperados, quizá uno de los más fuertes que me ha tocado sobrellevar, uno donde crecí y me redescubrí, donde volví a armarme con los trozos de un ayer que tenía durmiendo y donde, sobre todo, he retomado con fuerza aquello del arte, del color, de la poesía.

Me quedan pendientes con la vida, es verdad, me quedan proyectos y pinceles, fotografías adornando mi memoria y unas manos heridas de tanto escarbar. Me quedo con los golpes que va mi cabeza contra las murallas de todos los días, con los silencios de mi fonendoscopio cada vez que se escapan los latidos de alguien en esa sala de urgencias que viene a ser la trinchera donde más me duele existir.

Hoy, empiezo el día sentada frente al ordenador, con todo mi habitual desorden belénico, sin saber lo que es el destino... cantando con Silvio Rodríguez nuestro "El Necio" y teniendo la conciencia en calma, sabiendo que hice lo que debía y quizá un poco más, que cometí errores pero que aprendí de ellos más de lo que me costaron y que sigo, en pie de guerra, dispuesta a seguir dándolo todo por aquello en lo que creo, por aquellos que quiero.

Sin esperar más que otro año lleno de vida...
Belén, desde este Mediterráneo

viernes, diciembre 07, 2018

Otro diciembre lejos de casa

Y a Quito le sobraron sueños como a mí me restan días... A mi ciudad, que es de espanto y discontinuos suspiros, le reclamo las heridas y las esperanzas, las ilusiones malsanas. Quito tanto duele como mata. Pero soy quiteña, como la pluma de Tobar García. Quiteña de vocación y por encargo, por genética y por recomendación. Dentro de po-Quito vuelvo a derramarme en sus venas, a poblarme de su locura. De esa esQUITOfrenia diagnosticada por la magia de la literatura.




Si a Quito le sobran historias
de he decir que a mí me faltan verdades.
Que en mitad del universo, de los cuentos que ya no relato,
tengo a mi ciudad latiéndome en la piel.
Quito, la verdadera conjugación de mi pasado,
mi horizonte predilecto,
el sinsabor de mi mirada, el retoño de mis párpados abiertos.

Si a Quito le sobran historias, a mí me faltan miedos.

Cuando despierto, arrebato de cordura en este firmamento,
tiendo a reacomodar mis pasos como un ajedrez interminable.
Y le sacamos jaque mate a mi nostalgia.

Mi esencia de fantasma, mi boca de vientos, llaman a Quito aún en sueños.

Y resisto esta tentación bendita de querer gritar,
arrancándome caricias a destajo
- Quito a cielo abierto
Un grito, una palabra desmedida, el luto del error que prolongamos
- Mi Quito tiene un sol grande
A mí me sobran llagas y me escondo en mi propia sangre
- Mi Quito es un edén de maravillas
Y cruzo las siete calles, como pecados capitales,
en algún zaguán olvidé tu nombre.
El Panecillo, sombra madre de la añoranza,
Quito se disfraza, Quito me olvida, Quito me reemplaza.

Si a Quito le sobran historias es que a mí me duele el alma
de ir llenando páginas de memorias que no dicen casi nada...

sábado, junio 23, 2018

Tercer año - Medicina Familiar y Urgencias


Todo empezó hace casi 4 años. Cuando tenía, desde hace fuuu (como decimos en mi tierra) la idea de venirme a las Europas para hacer la especialidad médica.
Y así fue. Llegué con dos maletas, cargando lo que era mi yo de entonces sin saber lo que iba a esperarme aquí.

Mi relación con la Medicina es una cuestión de dejarse torcer el brazo y luego soltar una bofetada. No importa quien lo haga primero, el ciclo se repite constantemente.

Me decidí por Medicina de Familia sin tener muy claro que a cuestas iba a cargar con Urgencias... el primer año fue de las cosas más absurdas que recuerdo, de las más incómodas que imagino que le pueden pasar a una persona que no está "enamorada" de su profesión... estuve al borde de tirarlo todo, como siempre, sí... como cada fin de semestre desde que soy estudiante. Al final del primer año estaba casi convencida de que iba a dejar esto y dedicarme a cualquier cosa que no supusiera seguir con esa ansiedad y tensión que, seamos honestos, mucho bien no me ha hecho después de todo.

Segundo año, pasaron los desastres naturales de tener a mi pareja en cuidados intensivos y haberlo acompañado en no sé cuántas cirugías... todo pasó tan rápido, requirió fuerzas y paciencia. Y de verdad que procuré esforzarme más en lo que a ser médico significaba, pues me di cuenta que de alguna forma era momento de madurar, que mis problemas de niña caprichosa que se equivocó de carrera eran o debían ser un tema del pasado.
El accidente me abrió los ojos y me hizo crecer de golpe, a golpes. Y no me arrepiento de nada. Creo que nos sirvió a ambos, de alguna manera, para ganar herramientas con las cuales entender mejor la vida.

Y llegó el tercer año. Empecé a cursarlo hace nada. Y no me puedo creer que ya esté a las puertas de irme definitivamente de aquí... Tercer año y sigo teniendo el mismo pensamiento cada vez que veo un paciente "por favor, Dios, no dejes que me equivoque".

Estoy convencida de que si hacemos las cosas bien, dentro de lo que nos corresponde, los resultados muy probablemente serán positivos.
Tras dos años de trabajar en un servicio de Urgencias aprendí que el caos es más administrativo que humano, que cada día las guardias se van adhiriendo a la piel y empiezan a formar parte de un mal necesario...

Me gané la confianza de algunos y el cariño de otros... y a veces, solo a veces, cuando cruzo la puerta al llegar, siento que estoy en casa... (no hogar, no, eso jamás).

Mi hospital, al que tras dos años de llantos y enfados por fin me nace llamar MÍO, me ha regalado instantes, personas, sentimientos... y creo que, aunque me voy a quejar toda la vida de las cosas que me sigan sucediendo, tengo las fuerzas suficientes como para afrontar los dos años que aún me quedan por pasar.

sábado, junio 16, 2018

Relato prestado


DE UNO DE LOS CUENTOS EN VOZ DE LOS DE "LA CANALLA"...

  • - ¿Qué ha de hacer un hombre para que lo ames eternamente? – le pregunté. 
  • - Entregarme el corazón – dijo ella. 

Con las mismas, metí mis manos en mi pecho y arrancándole de cuajo, lo puse sobre la suya y le volví a preguntar: 

  • - ¿Qué tendría que hacer para que dejaras de quererme? 

Miró mi pecho vacío, tiró el corazón al suelo y limpiándose las manos de sangre me dijo mientras se marchaba: 
  • - No tener corazón. 

  • Desde entonces, desde entonces voy maltrecho por este mundo mundano con un vacío en el pecho y el corazón en la mano. 

jueves, febrero 01, 2018

A la memoria de Danny...

Hoy no me quise ir del despacho de Urgencias. Llevo meses con sueños reiterativos donde una amiga que murió hace unos años se me aparece en situaciones kafkianas.
Hoy no he querido despegarme de la luz del ordenador del despacho de Urgencias, ni de dejar de escuchar cómo tosen mis pacientes o cómo los monitores hacen alarde de constantes vitales.
Irme a la habitación que tengo en este sitio habría supuesto oscuridad, pensamientos varios, sentimientos encontrados...

Hoy supe de tu muerte, maldición. Hoy supe (como si hubiese estado presintiendo algo) que se te ocurrió adelantarte haciendo alarde de destrezas. Maldito.
Yo recuerdo que cuando nos despedimos fue como se despide la gente siempre: prometiendo volvernos a encontrar para celebrar la vida.

Y hoy, años más tarde de mi huida del continente, a años luz de aquellas guardias de hospital donde parecía que todo iba a salirnos bien, donde compartíamos la alegría que nunca jamás volví a hallar en ningún otro sitio de trabajo... hoy, el primero del segundo del año, te nos mueres habiéndote matado.

Y no terminamos por creerlo, ninguno de nosotros que éramos parte de la familia que se construyó sin "querer queriendo"... Vos y las intervenciones, vos, del despacho aparte, de los muchos artículos y toda la ciencia que nos cabía en la indomable tentación de ser uno más de los iluminados...

Te nos fuiste con el paso adelante, maldito Danny, habiendo marcado y reestructurado el sentido del "amor a la camiseta" que solías mostrar. Vos, que ibas a ser el urgencioanestesioluciólogo paliativista... Te nos largas, la puta madre, con el catéter bien puesto donde más te dolía toda la debilidad del mundo, en pleno centro del amor.

Hermano de esas noches eternas, colega de esos libros apretados, de esas condiciones extremas, de esos abrazos estúpidamente contagiosos y esas tardes de terraza mirando cómo a Quito le crecían sonrisas...

Te adelantaste, maldita sea... Y yo, con la siquis podrida de tanto extrañar, con el cansancio de esta vida que no quiero, me tengo que ir acostumbrando a que ustedes se me vayan de las manos, malditos... así, sin más.

jueves, diciembre 14, 2017

De noches de guardia... hospital...

Guardia 64

Había entonces que decidirse por un acuerdo con el cotidiano: o empezaba a ponerle un freno  la vida que me consumía desde hace rato o procuraba no hacerle caso a esa misma destructiva situación.

Al final de todos los días la molestia seguía siendo la misma, mi desdén seguía siendo ese viejo conocido y desequilibrado ataúd de recuerdos. Que si lograba deshacerme de un instante luego tenía un ejército de emociones agolpadas en el borde de cada latido. La vida ha hecho de mí un amasijo de letras inútiles, de fotografías sin colores, de escasa cordura y poca vanidad.

De tu voz asfixiada, explícame sin querer, sin aliento, sin vapor. Solo por hoy

Así es como la juventud pasa de largo y todos los años que dediqué a sentirme viva hoy son solo acordes en guitarras donde yo no estoy, en gritos donde ya no resuena mi voz, en sombras donde ya no pretendo encontrarme.


Quise hacer un homenaje a la existencia de la locura, retocar con los pinceles de mi desenfreno aquellas vidas por donde se me permitía transitar. Quise hacer de esta biografía mal escrita un verso bien realizado, que en manos de poetas y desvelos alguien pronunciase mi nombre y tuviera un sentido, formase parte de una oración.

Pero me temo que no logré nada respecto a aquellas ilusiones que parecían ser todo menos volátiles, todo menos efímeras.

Hoy me miro las manos, el cansancio, sentada en el escritorio de un hospital en el confín mediterráneo, preguntándome qué diablos hago aquí y si ha valido la pena alguno de todos los esfuerzos sobrehumanos que me autoimpongo para no perder el poco raciocinio que gotea, después de 17 horas de guardia, lentamente.

Decidirse por un camino: el freno absoluto o la resignación...

viernes, julio 28, 2017

Cuando todo cambia...

No era un día de guardia. Era un sábado como cualquier otro sábado.
Yo lo despedí con el beso de todas las mañanas, haciéndole prometer que volvería.
Me quedé en cama hasta tarde, descansando de la vida médica y de las locuras farmacológicas terapéuticas...
Hice el almuerzo, comimos juntos. Mi plan de la tarde era la siesta y esperar que fuese la hora de preparar la cena.
Era un sábado como cualquier otro sábado. Un sábado de inicios de verano, él trabajando, yo procurándome una escapada del cotidiano de hospitales.

Y le escribí el mensaje de las tardes, ese que decía a diario que la cena estaba lista... y él no respondió.

Media hora más tarde recibí la llamada que no quieres recibir nunca en tu vida, la del hospital, la del sitio donde trabajas, la de Urgències.

Aquel sábado nos cambió la vida. Y no era un día de guardia ni un sábado que merecía recuerdos.

A partir de entonces estuvimos casi un mes viviendo puertas adentro de hospitales, entre cirugías y malas noches, entre buenas noticias y radiografías y tomografías; entre pastillas y vías centrales, enfermería, médicos, islas.

No llegó a cumplir un mes, le faltaron dos días para cumplir el mes calendario de ingreso. Le dieron el pase a casa y desde entonces vemos cómo progresa, cómo avanza.
El accidente pudo ser fatal. De hecho, pocos entendemos cómo es que, a pesar de todo, las lesiones se resumen a huesos. Pudo perder el brazo derecho, comentaba ayer el traumatólogo. Debió perder la vida, comentaban los de la ambulancia que lo atendieron al ver los restos del accidente.

Lo cierto es que no perdió nada y, como cuando te encuentras al amor de tu vida, hemos ganado muchísimo más de lo que cualquiera podría imaginar.




No sabía que podíamos ser tan fuertes ni tan unidos. No sabía que íbamos a salir de todo esto con tan buen humor, con tantas ganas. Aquel día nos cambiaron los planes, los esquemas, las prioridades.
Pero nos dieron una certeza que más o menos se intuía al vernos:

SOMOS. Porque así lo decidimos y porque así es como sucede cuando encuentras a esa persona que se convierte en la familia que deseas tener.



R2

Se ha terminado el primer año de este campamento de cuatro a realizar. Tres quedan, tres y sigo sin hallar el sentido completo a todo lo que hago.
Sigo siendo médico a medio tiempo, con esa carga de temores, de recelo, que parece que nunca desaparecen.
La otra mitad del tiempo soy lo que me queda de energía.

Sigo sin hallar el sitio preciso o las razones que de verdad me empujen a seguir en el proceso.

Pero parece que esto es lo habitual...

En fin.

Bienvenida la primavera, el verano, los desastres.
Bienvenidos todos al intermedio de mis asuntos y mis desconciertos. Que poco queda ya para poder alzar de nuevo el vuelo, con las intenciones absolutas de seguir buscando otro sitio donde poder de nuevo, con él, con mi familia, recomenzar...

martes, marzo 21, 2017

CDMC

"El mundo se encargó de matizarnos en otros tonos, en otros idiomas, en otros fracasos temporales. Con tu geografía agrietándose y la mía rehuyendo nos fuimos encontrando en medio del silencio que supone el desamor.
¿Para qué, me pregunto, íbamos a intentar hallar sentido a estos latidos acompasados por la locura que nos hace sonreír? Citas que no serán nunca, frases que no podremos pronunciar, promesas de futuros que tampoco acabarán por juntarnos, ni siquiera nos permitirán soñar ya.

¿Qué importa que mis intenciones fuesen turbias y las tuyas una puta necesidad vestida de prisas? A nadie le importa aquello que se nos refleja en las despedidas, que se nos escurre de entre las sombras y termina ensuciando nuestras intenciones de mantenernos impolutos a lo largo de la travesía del cotidiano.

Poco importan las guerras que procuremos ganar o las batallas en que nos verán vencidos, lo cierto es que para el universo solo acertamos siendo errores, porque el tiempo, por la geografía, por el qué sé yo de la improbabilidad..."

Otro capítulo de Confesiones de mi Compulsión

lunes, marzo 20, 2017

Walkin' home

A veces, caminando de regreso a casa me topo con escenarios mentales donde la autocrítica abunda. Aquellas frases que debí haber dicho, aquellos momentos que dejé pasar, la actitud que debí tener… Supongo que lo mío fue siempre ha sido la reivindicación. Reivindicación, sí, hablo de esa necesidad permanente de querer colocar las cosas en el sitio que yo considero es el que deben tener. 

Mucha necedad de mi parte, lo sé.

Al hacer un repaso mental de mis vivencias identifico claramente que lo mío ha sido el enfrentamiento, la pelea verbal y abierta, el lanzamiento de argumentos como deporte olímpico, la fundamentación basada en el libre albedrío muchas veces. Nunca he dudado que vivo entre errores, que yo mismo arrastro errores y que he convertido a muchos de ellos en trincheras de mis no pretendidos berrinches. Pero he sabido aceptar mis equivocaciones aún cuando las había hecho estandarte.


Aunque siempre estuve zanjando espacio a la discusión lo cierto es que, años más tarde, cuando estaba por terminar mi carrera de medicina, descubrí por casualidad que la sutileza pagaba mejor que los ataques. Desde entonces, es difícil acertar conmigo… el sarcasmo va bien vestido y lo pasan por alto, así como mis chistes van cargados siempre de una dosis cruda de verdad. ¡Qué puedo decir! Cada uno encuentra las armas con que sobrevivir al cotidiano porque, de lo contrario, este trayecto se vuelve insoportable y nos traga, sí, con pasado y todo…

domingo, marzo 19, 2017

Elegía de mi gente, en letras de Dávila Andrade

BOLETÍN Y ELEGÍA DE LAS MITAS
Yo soy Juan Atampam, Blas Llaguarcos, Bernabé Ladña,
Andrés Chabla, Isidro Guamacela, Pablo Pumacuri,
Marcos Lema, Gaspar Tomayco, Sebastián Caxicondor.
Nací y agonicé en Chorlaví, Chamanal, Tanlagua,
Nieblí. Si, mucho agonicé en Chisingue,
Naxiche, Gambayna, Poalé, Cotopilaló.
Sudor de sangre tuve en Caxají, Quinchirana,
en Cicapla, Licto y Conrogal.
padecí todo el Cristo de mi raza en Tixán en Saucay,
en Molleturo, en Cojitambo, en Tovavela y Zhoray.
Añadí así más blancura y dolor a la cruz que trajeron mis verdugos.
A mí tam. A José Vacacela tam.
A Lucas Chaca tam. A Roque Caxicondor tam.
En plaza Pomasqui y en rueda de otros naturales
nos trasquilaron hasta el frío la cabeza.
Oh, Pachacámac, señor del universo,
nunca sentimos más helada tu sonrisa,
y al páramo subimos desnudos de cabeza,
a coronarnos, llorando con tu sol.
A Melchor Pumaluisa, hijo de Guápulo,
en medio patio de hacienda, con cuchillo de abrir chanchos,
le cortaron los testes.
Y, pateándole, a caminar delante
de nuestros ojos llenos de lágrimas.
Echaba, a golpes, chorros de ristre de sangre.
Cayó de bruces en la flor de su cuerpo.
Oh, Pachacámac, señor del infinito,
Tú, que manchas el sol entre los muertos.
Y vuestro teniente y justicia mayor
José de Uribe: "Te ordeno". Y yo,
con los otros indios, llevámosle a todo pedir,
de casa en casa, para su paseo, en hamaca.
Mientras mujeres nuestras, con hijas, mitayas,
a barrer, a carmenar, a texer, a escardar;
a hilar, a lamer platos de barro -nuestra hechura-.
Y a yacer con viracochas,
nuestras flores de dos muslos,
para traer al mestizo y verdugo venidero.
Ya sin paga, sin maíz, sin runa-mora,
ya sin hambre de puro no comer;
sólo calavera, llorando granizo viejo por mejillas,
llegué trayendo frutos de la yunga
a cuatro semanas de ayuno.
Recibiéronme: mi hija partida en dos por Alférez Quintanilla,
mujer, de conviviente de él. Dos hijos muertos a látigo.
Oh, Pachacámac, y yo, a la vida
así morí.
Y de tanto dolor, a siete cielos,
por sesenta soles, Oh, Pachacámac,
mujer pariendo mi hijo, le torcía los brazos.
Ella, dulce ya de tanto aborto, dijo:
"Quiebra maqui de guagua; no quiero que sirva
que sirva de mitaya a viracochas".
Quebré.
Y entre curas, tam, unos pareciendo diablos, buitres, había.
Iguales. Peores que los otros de dos piernas.
otros decían: "Hijo, amor, Cristo".
Y ellos: "Contribución, mitayo a mis haciendas,
a tejer dentro de iglesia, aceite para lámpara,
cera de monumentos, huevos de ceniza,
doctrina y ciegos doctrineros.
Vihuela, india para la cocina, hijas para la casa.
Así dijeron. Obedecí.
Y después: Sebastián, Manuel, Roque, Salva,
Miguel, Antonio, Mitayos, a hierba, leña, carbón,
paja, peces, piedras, maíz, mujeres, hijas. Todo servicio.
A runa-llama tam, que en tres meses
comistes dos mil corazones de ellas.
A mujer que tam comistes
cerca de oreja de marido y de hijo,
noche a noche.
Brazos llevaron al mal.
Ojos al llanto.
Hombros al soplo de sus foetes,
Mejillas a lo duro de sus botas.
Corazón que estrujaron, pisando ante mitayo,
cuerpos de mamas, mujeres, hijas.
Sólo nosotros hemos sufrido
el mundo horrible de sus corazones.
En obraje de telas, sargas, capisayos, ponchos,
yo, el desnudo, hundido en calabozos, trabajé
año cuarenta días,
con apenas puñado de maíz para el pulso
que era más delgado que el hijo que tejía.
Encerrado desde la aurora hasta el otro claror,
sin comer tejí, tejí.
Hice la tela con que vestían cuerpos los señores,
que dieron soledad de blancura a mi esqueleto.
Y día viernes santo amanecí encerrado,
boca abajo, sobre telar,
con vómito de sangre entre los hijos y lanzadera.
Así, entinté con mi alma, llena de costado,
la tela de las que me desnudaron.
"Porque no hemos venido
a vivir en la tierra.
Sólo venimos a soñar.
Sólo venimos amar
aquí en la tierra".
Y a un Cristo, adrede, tam trujeron,
entre lanzas, banderas y caballos.
Y a su nombre, hiciéronme agradecer el hambre,
la sed, los azotes diarios, los servicios de iglesia,
la muerte y la desraza de mi raza.
(Así avisa al mundo, amigo de mi angustia.
Así, avisa. Di. Da diciendo. Dios te pague).
Y bajo ese mesmo Cristo,
negra nube de buitres de trapo vinieron. Tantos.
Cientos de casas hicieron en la Patria.
Miles de hijos. Robos de altar. Pillerías de cama.
Dejáronme en una línea de camino,
sin sur, sin norte, sin choza, sin... ¡dejáronme!
Y, después, a batir barro, entraña de mi tierra;
hacer cal de caleras, a trabajar en batanes,
en templos, paredes, pinturas, torres, columnas, capitales.
¡Y, yo, a la intemperie!
Y, después, en trapiches que tenían,
moliendo caña, me molieron las manos:
hermanos de trabajo bebieron mi sanguaza, Miel y sangre
y llanto.
Y ellos, tantos, en propias pulperías,
¡enseñáronme el triste cielo del alcohol!
y la desesperanza.
¡Gracias!
¡Oh, Pachacámac, señor del universo!
Tú que no eres hembra ni varón.
Tú que eres todo y eres nada,
Óyeme, escúchame.
Como el venado herido por la sed
te busco y sólo a ti de adoro.
Y tam, si supieras, amigo de mi angustia,
cómo foeteaban cada día, sin falta.
"Capisayo al suelo, Calzoncillos al suelo,
tú, bocabajo, mitayo. Cuenta cada latigazo".
Yo, iba contando: 2, 5, 9, 30, 40, 70.
Así aprendía a contar en tu castellano,
con mi dolor y mis llagas.
Enseguida, levantándome, chorreando sangre,
tenía que besar látigo y mano de verdugos.
"Dioselopagui, amito", así decía de terror y gratitud.
Un día en santa iglesia de Tuntaqui,
el viejo doctrinero, mostróme cuerpo en cruz
de amo Jesucristo;
único viracocha, sin ropa, sin espuelas, sin acial.
Todito Él, era una sola llaga salpicada.
No había lugar ya ni para un diente de hierba
entre herida y herida.
En él, cebáronse primero; luego fue en mí-.
¿De qué me quejo, entonces? - No. Sólo te cuento.
Me despeñaron. Con punzón de fierro,
me punzaron todo el cuerpo.
Me trasquilaron. Hijo de ayuno y de destierro fui.
Con yescas de manguey encendidas, me pringaron.
Después de los azotes, ya aún en el suelo,
ellos entregolpeaban sobre mí, dos tizones de candela
y me cubrían con una lluvia de chispas puntiagudas,
que hacía chirriar la sangre de mis úlceras.
Así.
Entre lavadoras de platos, barrenderas, hierbateras,
a una, llamada Dulita, cayósele una escudilla de barro,
y cayósele, ay, a cien pedazos.
Y vino el mestizo Juan Ruíz de tanto odio para nosotros
por retorcido de sangre.
A la cocina llevóle pateándole nalgas, y ella, sin llorar,
ni una lágrima. Pero dijo una palabra suya y nuestra: ¡carajú!
Y él, muy cobarde, puso en fogón una cáscara de huevo
que casi se hace blanca brasa y que apretó contra los labios.
Se abrieron en fruta de sangre: amaneció maleza.
No comió cinco días, y yo, y Joaquín Toapanta de Tubabiro,
muerta la hallamos en la acequia de los excrementos.
Y cuando en hato, allá en alturas,
moría ya de buitres o de la pura vida,
sea una vaca, una ternera o una oveja;
yo debía arrastrarle por leguas de hierbas y lodo,
hasta patio de hacienda
a mostrar el cadáver.
Y tú; señor viracocha,
me obligaste a comprar esa carne engusanada ya.
Y como ni esos gusanos juntos
pudo pagar de golpe,
me obligaste a trabajar otro año más;
hasta que yo mismo descendí al gusano,
¡que devora a los amos y al mitayo!
A Tomás Quitumbe, del propio Quito, que se fue huyendo
de terror, por esas lomas de sigses de plata y pluma,
le persiguieron; un alférez iba a la cabeza.
Y él, corre, corre gimiendo como venado.
Pero cayó, rajados ya los pies de muchos pedernales,
Cazáronle. Amarráronle el pelo a la cola de un potro alazán,
y con él, al obraje de Chillos,
a través de zanjas, piedras, zarzales, lodo endurecido.
Llegando al patio rellenáronle heridas con ají y con sal,
así los lomos, hombros, trasero, brazos, muslos.
El, gemía revolcándose de dolor: "Amo viracocha, Amo viracocha".
Nadie le oyó morir.
Y a mama Susana Pumancay, de Panzaleo;
su choza entre retamas de mil mariposas ya de aleteo;
porque su marido Juan Pilataxi desapareció de bulto,
le llevaron, preñada, a todo paso, a la hacienda;
y, al cuarto de los cepos en donde le enceparon la derecha,
dejándole la izquierda sobre el palo.
Y ella, a medianoche, parió su guagua
entre agua y sangre.
Y él dio de cabeza contra la madera, de que murió
Leche de plata hubiera mamado un día, Carajú!
Minero fui, por dos años, ocho meses.
Nada de comer. Nada de amar. Nunca vida.
La bocamina, fue mi cielo y mi tumba.
Yo, que usé el oro para las fiestas de mi emperador,
supe padecer con su luz,
por la codicia y la crueldad de otros.
Dormimos miles de mitayos,
a pura mosca, látigo, fiebres, en galpones,
custodiados con un amo que sólo daba muerte.
Pero, después de dos años, ocho meses, salí,
salimos seiscientos mitayos,
de veinte mil que entramos.
Pero, salí. ¡Oh, sol reventado por mi madre!
Te miré en mis ojos de cautivo.
Lloré agua de sol en punta de pestañas.
Y temiré, Oh Pachacámac, muerto
en los brazos que ahora hacen esquina
de madera y de clavos a otro dios.
Pero salí. No reconocía ya mi patria.
Desde la negrura volví hacia el azul
Quitumbe de alma y sol, lloré de alegría.
Volvíamos. Nunca he vuelto solo.
Entre cuevas de cumbre, ya en goteras de Cuenca,
de Pedro Axitimbay, mi hermano.
Vile mucho. Mucho vile, y le encontré el pecho.
Era un hueso plano. Era un espejo. Me incliné.
Me miré, pestañeando. Y me reconocí. ¡Yo, era él mismo!
y dije:
¡Oh Pachacámac, señor del universo!
Oh Chambo, Mulaló, Sibambe, Tomebamba;
Guangara de don Nuño Valderrama.
Adiós. A Pachacámac, adiós. Rinimi ¡No te olvido!
A ti, Rodrigo Núñez de Bonilla.
Pero Martín Montanero, Alonso de Bastidas,
Sancho de la Carrera, hijo. Diego Sandoval.
Mi odio. Mi justicia.
A ti Rodrigo Darcos, dueño de tantas minas,
de tantas vidas de curicamayos.
Tus lavaderos del río Santa Bárbara.
Minas de ama Virgen del Rosario en Cañaribamba.
Minas del gran cerro de Malal, junto al río helado.
Minas de Zaruma; minas de Catacocha. ¡Minas!
Gran buscador de riquezas, diablo del oro.
Chupador de sangre y lágrimas del indio!
Qué cientos de noches cuidé tus acequias, por leguas
para moler tu oro,
en tu mortero de ocho martillos y tres fuelles.
Oro para ti. Oro para tus mujeres. Oro para tus reyes.
Oro para mi muerte. ¡Oro!
Pero un día volví. ¡Y ahora vuelvo!
Ahora soy Santiago Agag Roque Buestende,
Mateo Camaguara, Esteban Chuquitayupe, Pablo Duchinachay,
Gregorio Guartatana, Francisco Nati-Cañar, Bartolomé Dumbay.
Y ahora, toda esta tierra es mía.
Desde Llangagua hasta Burgay;
Desde Irubí hasta el Buerán;
desde Guaslán, hasta Punsara, pasando por Biblián.
Y es mía para adentro, como mujer en la noche.
Y es mía para arriba, hasta más allá del gavilán.
Vuelvo, ¡Alzome!
¡Levantome después del tercer siglo, de entre los muertos!
¡Con los muertos, vengo!
La tumba india se retuerce con todas sus caderas
sus mamas y sus vientres.
La gran tumba se enarca y se levanta
después del tercer siglo, dentre las lomas y los páramos,
las cumbres, los yungas, los abismos
las minas los azufres, las campaguas.
Regreso desde los cerros, donde moríamos
a la luz del frío.
Desde los ríos, donde moríamos en cuadrillas.
Desde las minas, donde moríamos en rosarios.
Desde la muerte, donde moríamos en grano.
Regreso
¡Regresamos! ¡Pachacámac!
¡Yo soy Juan Atampam! ¡Yo, tam!
¡Yo soy Marcos Guamán! ¡Yo, tam!
¡Yo soy Roque Jadán! ¡Yo tam!
¡Comaguara, soy. Gualanlema, Quilaquilago, Caxicondor, Pumacuri, Tomayco, Chupuitaype, Guartatana, Duchinachay, Dumbay, Soy!
¡Somos! ¡Seremos! ¡Soy!
Septiembre de 1959
-César Dávila Andrade

sábado, marzo 11, 2017

El europeísmo como un escudo para no sentir


Hoy me han dicho una de las cosas más desgarradoras pero ciertas, una de las cosas que probablemente hubiese querido evitar pero que era realmente necesario.

“Aquí no hay nadie que te tenga bajo su cuidado, nadie te va a cuidar, por lo tanto, cuando te toque echar a volar sola no vas a extrañar a nadie”.


Y es que cuando se trata de tener latidos, cuando se ha tratado de aferrarme a una verdad que me pudiera hacer sentir viva, nunca tuve reparos en aferrarme a aquello y aquellos que me forjaron, que me dieron razones y sentencias. Nunca he tenido miedo a extrañar porque quizá nací con una cierta melancolía que termina por teñir todas mis emociones.
Pero los entiendo. No puedo negar que de alguna manera entiendo que la gente prefiera tener esa sensación falsa de equilibrio, porque debajo de los recuerdos que no podemos tocar yacen heridas que tampoco saben sanar y ensucian, sí, de vida, todo ese trayecto que procuran tener “ordenado” a diario…

sábado, diciembre 31, 2016

Volviendo a las terapias de la lectura

Por fin se termina este año que no ha sido precisamente el mejor de mis años. Mucha muerte, demasiadas distancias, muchos silencios.
En parte debo admitir que es lo que he buscado, lo que quería, pero no es lo que esperaba.
En fin, errores de los que se debe aprender. Errores de los que se debe salir pronto... 
Mientras consigo salir de esta vorágine de médicos y hospitales, retomo unas páginas de Gestalt. Siempre quise dedicarme a ella aunque nunca tuve demasiadas oportunidades.
A ver que nos depara el futuro...
Dejaré por aquí un trocito de lectura:


(Del libro Psychotherapy from the Center: A humanistic view of change and growth, de Rahe Corlis y Peter Rabe; 1969):
- Ser de verdad no depende del material del que estés hecho - le contestó el caballito de cuero - Es algo que te sucede. Cuando un niño te quiere mucho, mucho tiempo, no sólo para jugar, sino que realmente te quiere, entonces te vuelves de verdad.
- ¿Sucede de golpe, como cuando te dan cuerda - preguntó el conejo - o sucede de a poco a poco?.
- No sucede de golpe - respondió el caballito de cuero - te vas transformando. Toma mucho tiempo. Por eso no le ocurre a los que se rompen fácilmente o tienen bordes filosos, o a los que deben guardarse con cuidado. Cuando llegas a ser de verdad, el amor de los niños te ha tirado casi todo el pelo y los ojos se te caen y tienes las articulaciones flojas y estás muy raído. Pero eso no importa, porque cuando eres de verdad no puedes ser feo, excepto para la gente que no entiende.
- Supongo que tú eres de verdad - dijo el conejo y de inmediato se arrepintió pensando que el caballo podía ofenderse. 
Pero el caballo sonrió y dijo: "El tío del niño me hizo de verdad. Eso fue hace muchos años, pero una vez que eres de verdad no puedes dejar de serlo. Dura para siempre".

sábado, agosto 06, 2016

Ya estoy

Establecida al fin.
Aprobé el examen. Viví en Euskadi. Ahora estoy en mi sitio definitivo. 


Ahora trabajo de médico. Tiempo casi completo. Sigo siendo la misma estudiante de medicina, en esencia.
El ambiente, como todo lo médico, es hostil, incómodo. Y hay que cuidarse ahora más que antes porque todo lo que dices o haces puede ser usado en tu contra. Aún así, he hallado también gente divina entre los de bata blanca y sobre todo pacientes que me hacen recargar el ánimo y seguir, seguir por ellos...


Vine con él, somos felices. Tenemos una casa frente al mar y una vida llena de paz y sonrisas. Y las carcajadas antes de dormir todos los días. Tenemos planes de futuros maravillosos y, hasta donde miro, todo con él es lo que debe ser una vida en pareja.
Junto a él ya no recuerdo pasados ni pienso en "los siguientes". 


Hoy, sin embargo, día sábado de uvas y música que me lleva a mi adolescencia, noté esa punzada que te hace pensar en las cosas que no están del todo equilibradas en la vida. Y su nombre, el de ella, volvió a saltarme como agente causal de mi estado actual en lo respecta a temas de socializar.
Todos los que me conocen saben que no sé hacer más que escribir. Y aunque debería escribírselo y enviárselo a ELLA, lo cierto es que primero me hace falta perdonar y perdonarla...
Mientras, dejaré por aquí la carta que me ha ayudado un poco a sacarme ese demonio hoy...


Yo la quería, es verdad. La amé como se ama a pocas personas en la vida. Y de ella recibí vida también. Por eso es que tras tantos años aún no consigo superar su silencio.
Fría, malditamente fría, largarse sin adioses ni explicaciones. Dejarme en ridículo dos veces, lo suficiente como para arruinarme la vida.
Porque sí, me jodiste. Cuando decidías que te largabas yo empezaba a deshojar calendarios para volverte a abrazar aún con todo lo que me costaba hacerlo sin que doliese.
Y volviste una vez y te fuiste de nuevo sin avisarlo. Y me deprimí tanto que al final optaron por enviarme contigo a ver si sanaba. Y luego la despedida, tu relación utópica problemática, tu regreso, tu despedida y el final.

Me enseñaste que la gente que más amamos es la que más poder tiene para matarnos. Me enseñaste que no importaba lo que hiciera, lo que creyese que hacía falta, porque de todas formas todos somos víctimas del “nos dieron por sentado” y entonces se te olvidó pensar que, a lo mejor, yo también necesitaba recibir algo de ti. Aunque fueran migajas, aunque fuera desprecio. Necesitaba una puta explicación de porqué te habías largado a escondidas de mí pero siendo público para todos los que no eran yo. Como si huyeses de quien te estaba queriendo más que a nadie en el mundo, como si no hubieses sabido que las heridas dejan marcas y que vos estabas cortando se nuevo sobre la misma cicatriz que dejaste años atrás.

Yo no sé si fue egoísmo o miedo, quizá simple olvido porque a la final tenías la confianza de haberme asegurado. Lo cierto es que nunca estuve atada a ti y me quedaba porque la lealtad es algo con lo que nací.
Pero no te importó, en todo caso.

Y ahora pago las consecuencias de lo que dejé que hicieras conmigo. Después de ti no volví a confiar en la gente, no volví ni quise tener ya más amigos. Me enfoqué en lo que habían estado e incluso deje morir las amistades que tenían aires a ti.

Dejé de escribirle a la gente aún cuando sé que es quizá lo único que sé hacer bien en el mundo. Y dejé de soñar con nuestros mundos, quemé mis montañas y mis versos, dejé de escribir y me enfoqué en hallarme cometiendo los errores más absurdos de mi vida.
Lograste derrumbarme y no conseguir reconstruirme porque al irte te llevaste las piezas que habían ya calzado en mis murallas.

Por eso te odio hoy sin odiarte realmente… porque me dueles constante pero ya soy ahora los resultados de lo que conseguiste en mí. Y no me avergüenzo de ser quien soy ni de cargar con los demonios que cargo.
Quizá no siempre te recuerde con agrado, quizá me pesas aun demasiado… pero te deseo lo mejor que puedas conseguir.

lunes, febrero 01, 2016

2016: Sobre lo Académico y Laboral

La medicina no fue precisamente lo que yo pensaba. Desde luego no se parece en lo más mínimo a lo que hubiese querido o quiero.
Es una carrera áspera, llena de ambientes y gente hostil (por no utilizar peores adjetivos calificativos).
El grado de satisfacción después de las horas de trabajo se ve en relación indirectamente proporcional al nivel de autoestima ("me siento más satisfecho mientras menos me quiero"). Al menos eso pienso firmemente. De qué otro modo, sino, se explicaría que sacrifiques tu vida, tu familia, tu tiempo, por gente a quien no le importas y que en contadas ocasiones te agradecerá todos tus años de estudio, tu dedicación, tu esfuerzo.

Pero mi decepción ya la asimilé. 

No, definitivamente no me llena mi carrera. Pero nunca pretendí que lo hiciera en realidad. Tengo muchas más cosas por las que vivir, definitivamente. La medicina, mal que bien, me ha permitido conocer gente y situaciones que de otro modo jamás habrían cruzado por mi vida; me ha traído de regreso a Europa y con certeza será el móvil para conseguir sustento cotidiano.


Estoy a cinco días de enfrentar un examen de oposición. Jamás me preparé tanto para un examen, nunca le dediqué tanto tiempo a una sola actividad y nunca me desconecté tanto de aquellas actividades que me gustaban con el fin de "procurarme" una mejor capacitación. Bien, los exámenes de oposición no demuestran qué tan bien preparado está un profesional, lo que hace es discriminarnos entre quienes podemos resolver su examen tipo test y quienes no. Obviamente, se intentará medir conocimientos básicos de medicina... en base a preguntas recicladas (en su mayoría) de años anteriores.

No considero que se haga demasiada justicia con este tipo de evaluación, pero tampoco estoy en posición de emitir queja alguna. Si hay alguna suerte de justicia en mitad de este proceso, que esté en relación con las horas invertidas y las ganas puestas, con la determinación de cada día dedicado a ello.

Mi caso particular es el de una médica general que desea trabajar en el campo de los Cuidados Paliativos y la Terapia del Dolor, especialidades que por desgracia no son consideradas como especialidades académicas de postgrado inmediato, sino como másteres. Es por ello que mi aspiración actual va persiguiendo el título de Médica Familiar y Comunitaria o Médica del Trabajo. Y como siempre, me intereso más por las ciudades que no han tenido amplia demanda o que no han conseguido llenar su cupo en las últimas convocatorias. Ir a donde más se necesite e ir con buena actitud.
(Coinciden estas ciudades con el norte geográfico de España. Concretamente Asturias y Galicia son las CCAA que hemos seleccionado como candidatas)

Por ahora, a cinco días de ganarme un puesto de entre los seis mil y poco más, me enfoco en mantener la constancia y la calma. Recordar que cada piedra de mi anillo representa a una persona importante en mi vida, y que el topacio soy yo recordándome mis promesas conmigo misma.


Abuelo, madre, padre, hermano, Alejo.
Estamos a muy poco de alcanzar ese otro escalón planteado como posibilidad.
Y si no, pues las opciones derivadas de esta decisión que me ha traído a Europa son tan variadas y correctas, que con certeza me llevarán al sitio donde debo estar.

jueves, diciembre 10, 2015

Varios meses ya

La razón de esta entrada de blog está en la necesidad de sacarme de adentro ciertos "aprendizajes" cercanos a mi experiencia de vivir muy cercana a gente a la que creía conocer.
No puedo decir mucho sobre la chica a la que haré alusión, porque de verdad que es un tema incómodo que hasta raya en lo absurdo. Sin embargo, si bien nunca seré capaz de decirle sus cosas en la cara, al menos podré quitarme de encima esa sensación que a veces abruma y agota.

A veces me preguntan porqué tengo tanta suerte en los temas románticos. Bien, es cierto que llevo algunas relaciones extintas en mi historia, pero definitivamente ninguna ha llegado a malos términos. Hasta el día de hoy soy capaz de decir que tengo buenas relaciones humanas con mis ex parejas. Lo saludable, desde luego, es que no hay cercanía con ninguno pero sinceramente creo que las relaciones con fecha de caducidad cumplieron su objetivo de hacerNOS crecer y llevarnos hacia mejores relaciones futuras. Nadie sabe ser pareja desde el inicio, eso es algo que se va adquiriendo a medida que uno vive y experimenta situaciones con personas que en ese momento son las adecuadas.
Mi vida amorosa ha sido buena, siempre un poco "matizada" por el velo oscuro de la poesía (misma que por ahora no es necesaria en mi vida). Pero es que estoy convencida que mucho de lo que he dado y recibido ha tenido relación con mi capacidad de amar, de amarME en primer lugar para luego poder amar a otros.
No se puede esperar llegar muy lejos sin amor propio. No soy capaz de visualizar una exitosa vida de pareja donde una de las partes está tratando de llenar sus agujeros emocionales mediante otras personas.

Ese es más o menos el caso que he visto sin involucrarme, el caso que me ha indignado, enfadado e incluso dolido y que, hoy por hoy, ya no me importa demasiado.

Las mujeres, muchas de ellas, son víctimas de absurdos autoimpuestos por ellas mismas. Nadie les obliga a creerse el cuento de que para ser felices deben ser delgadas, altas, hacedoras de galletas o víctimas de la sociedad. Son ellas quienes deciden creerse las mentiras y hacerlas su escudo protector contra sus inseguridades.
Una gorda que no se quiera como es, por ser quien es, no va a lograr aceptarse aunque su peso roce límites de desnutrición. Una insegura no va llenar sus vacíos emocionales y mentales metiéndose a la cama con cualquiera que tenga enfrente. Así de sencillo.

Cada persona aprende a vivir consigo mismo y a sanarse a sí misma porque, lamentablemente, estamos solos en el mundo. 

Solo tú te tienes a ti mismo por el resto de tu vida, solo tú sabes lo que piensas exactamente, lo que sientes exactamente, lo que deseas para ti en todos los casos.

Es fácil, verdaderamente sencillo, enredar historias, esconder fracasos y mentir al resto del mundo, ponerle filtro a tus "desgracias" como si esto fuera una red social más. Puedes llenarte de fotografías, de gente temporal, de anécdotas falsas. Puedes inventarte una popularidad que no dura, llenarte el teléfono móvil con contactos que a quienes no les importas y puedes repetirme los discursos que has sacado de libros de autoayuda y películas de domingo. 
Puedes hacernos creer que eres feliz y que tu vida está plena. Pero no puedes decírtelo a ti misma. Y lo sabemos.


Nunca terminaremos de conocer a las personas, pero lo cierto es que las conozcamos o no, cada uno tiene lo que se busca, lo que construye para sí mismo.
La gratitud hacia quienes te acompañan, el buen trato que te das y das al resto, son pilares en el camino de conseguir aquello que tanto se anhela... sea paz interior, amor propio o como se lo quiera llamar.

Con algo de suerte ella nunca leerá esta entrada. Y si pudiera decirle algo que resuma toda la maldita mala sensación que me ha provocado su comportamiento sería que le deseo que sea feliz. Que ojalá algún día logre tener todo lo que siente que necesita tener para completarse. Y que se acuerde de mí cuando se dé cuenta de que ese "otro nivel" al que aspira solo será posible cuando se conozca y se reconozca, cuando sepa quién es en verdad y qué es lo que realmente persigue en su vida. QUIEN ES ELLA, no un número de báscula, no un color de cabello, no la cantidad total de penes que lleva en su lista nada discreta pero "desconocida" para el resto de personas que la rodean... El día que se valore como mujer y como persona, cuando aprenda que el único enemigo que tiene es ella mismo, ese día podrá dar el paso que tanto pretende dar... 



Yo ya no soy partícipe ni remota de su vida. Ni quiero serlo. Gente tóxica, mentirosa, hipócrita, me hace daño y yo siempre tiendo a la preservación de mi especie.
Así que por salud mental y espiritual, me deshago de una vez de ese mal sabor de boca que me ha durado meses.

Y sigo disfrutando de mi Manada. De Alejo. De NOSOTROS.
Mi nueva vida trajo consigo nuevas alegrías. Y en él, el de ese encuentro hermoso en una estación de trenes es hoy en día donde está mi amor.